6 de agosto 2003 - 00:00

Otra embestida de Kirchner: ayer contra corporaciones y evasores

Néstor Kirchner dedicó ayer otro discurso a criticar a sus adversarios políticos, poniéndolos, al menos por la agresividad de sus dichos, como enemigos internos del país. En realidad, fue una respuesta a Ricardo López Murphy, quien lo acusó de no tener plan económico -algo que muchos afirman y sin intención de subvertir nada-. Bastó eso para que el Presidente ahondase el discurso contra «economistas», «corporaciones», «sectores», etc. Pegó, además, esas críticas a un imaginario enemigo externo contra el cual incitó a los 5 mil vecinos que le había llevado Felipe Solá en Florencio Varela, corazón del conurbano: «Si de allá aprietan, ustedes me van a ayudar para que les torzamos las manos». Ese «allá» es seguramente el FMI o los acreedores que están más «acá» de lo que dice el Presidente. Peligroso que un presidente que debe enfrentar una crisis gravísima arranque su gestión identificando a un enemigo interno y buscando una división entre sectores del país. Ha sido el germen de procesos autoritarios, algo que han advertido algunos dirigentes que no podrían ser sospechados de estar muy lejos de Kirchner en línea política, aunque sí en los métodos, como Raúl Alfonsín o Elisa Carrió. Eso lo dijo Kirchner, además, después de otro desaire a empresarios que fueron al acto en el conurbano, que esperaron en vano a que les dirigiese la palabra.

«Si de allá aprietan, ustedes me van a ayudar para que les torzamos la mano». No especificó Néstor Kirchner dónde queda su «allá» (¿Washington?), pero puntualizó en cambio, que el enemigo a derrotar son «las corporaciones» que «sueñan con «una Argentina cerradita para ellos solos».

Fiel a su táctica de confrontación, Kirchner aprovechó ayer una tribuna política en Florencio Varela para embestir otra vez contra el sector empresario y los grupos económicos, escoltado por Felipe Solá y Chiche Duhalde, que volvió a compartir un escenario tras la campaña presidencial (ver página 12).

•Proyecto

«Hay que hacerles entender a las corporaciones y a algunos economistas que ya no es posible hacer una Argentina cerradita para ellos solos, porque están estos miles de rostros que se multiplican en toda la Argentina», amenazó Kirchner.

Y en respuesta a quienes le imputan un «sin rumbo» económico, se atajó: «Un verdadero proyecto económico no es aquel que sólo permite vertebrar la aritmética sino el que les permite a los millones de hermanos y hermanas que no tienen trabajo ser parte activa de la Argentina».

En ese tramo, lanzó su pedido de apoyo: «Si de allá aprietan, ustedes me van a ayudar para que les torzamos las manos y la Justicia vuelva a nuestra querida patria», porque «queremos que el sol vuelva a alumbrar para todos, con la dignidad del trabajo y la solidaridad».

La arenga presidencial estalló durante un acto con 7.000 personas que el peronismo armó para Kirchner en «La Patriótica», un campo de deportes ubicado en una barriada pobre de Florencio Varela, distrito del conurbano profundo castigado por la crisis social.

Pero como contracara de la pasión que desplegó sobre las tablas
, Kirchner fue esquivo a la hora de toparse con los empresarios que asistieron al predio de la empresa Alpargatas Textil SA para participar de la firma del convenio de apertura de un Parque tecnológico del cuero.

En ese turno, el Presidente saludó de lejos, escuchó inquieto los discursos y apenas el locutor anunció el fin del acto institucional,
se eyectó de su silla y salió disparado hacia el show que lo esperaba a pocas cuadras.

Los empresarios -unos 100-reunidos para escucharlo quedaron en offside:
Kirchner no les dirigió la palabra salvo cuando, antes de entrar al salón donde se anunció la apertura de un Parque Industrial del Cuero, manifestó una amenaza genérica contra las empresas evasoras.

«¿Este es el famoso estilo K?»
renegó un empresario que había vitoreado el ingreso del Presidente y se declaró «feliz» con el «perfil productivista» -según sus palabras-que el sureño dice querer imprimir a su gestión. Luego, ante la gambeta presidencial, se retiró quejoso.

Por eso
José López Mañan -director ejecutivo de Alpargatas-, Néstor Castro, titular de la cámara que nuclea al sector del cuero, los empresarios del rubro Aldo Espósito y Marcelo Fernández y el dirigente Aladino Benassi, entre otros tantos, se quedaron sin escuchar al Presidente.

Se tuvieron que conformar con el mensaje de
Arnaldo Bocco, presidente del BICE -el banco que financió el emprendimiento-, Hugo Guerrieri, que presidirá el consorcio, el intendente Pereyra y Solá que usó la tarima para mostrarse «absolutamente» de acuerdo con la política económica oficial.

Ni siquiera
Julio De Vido, el patagónico por adopción que está al frente del Ministerio de Planificación Federal y debe tender puentes con el sector productivo, dedicó unos minutos a saludar a los empresarios.

El Presidente tampoco se arrimó a
Ricardo Gutiérrez, presidente del Banco Provincia; Rafael Magnanini, ministro de Producción bonaerense; o Miguel Saiegh, vice del consorcio y funcionario suyo como titular del ETOS, a quienes saludó con un gesto a la distancia. Kirchner, en tanto, a los tumbos apenas habló con la prensa para hacer dos referencias: prometió «combatir con todas mis fuerzas el trabajo en negro» y volvió a desmentir que la economía haya ingresado en un amesetamiento luego de algunos meses de repunte. «Estamos creciendo» se despidió.

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