26 de agosto 2005 - 00:00

País decepción

No alienta la moderación ni despeja el futuro este país que avanza hacia los comicios de octubre próximo. No hay tampoco definición cierta sobre el que quedará después, algo que no debería suceder en una Democracia madura ante el evento normal del voto.

El penoso ganador que se perfila es «no concurrir o anular el voto», que puede llegar a 30% o superar el récord de 2001 cuando, en otra legislativa, a su vez, se batió el otro anterior de 70 años atrás, en la década que nace en 1930 cuando las trampas, la suciedad de la política entonces, el fraude y, sobre todo, la miseria por la crisis mundial de 1929 hacía que el grueso de la gente aceptara las dádivas preelectorales, pero despreciara los comicios.

En octubre próximo, para el segundo lugar, se proyectan dos populismos, uno de izquierda que es gobierno y otro de derecha en la oposición bonaerense, como es el duhaldismo. Que dos fuerzas, clientelistas a su manera, sean las principales alternativas en el distrito electoral más importante del país muestra una nación hedonista por sus apremios y políticamente resignada. Difieren ambos en odio y no odio a militares, en proximidad o distancia de la subversión setentista, en amor o no amor a los símbolos del peronismo, en creerse superadores del Partido Justicialista unos y sólo continuadores otros, en ser unos menos y los de enfrente -los duhaldistas- más zorros para la política.

En cambio no están -y esto desmoraliza «elegir» en octubre- en oposición de ideas sobre cómo desarrollar y proponerle metas de crecimiento al país, bajar el desempleo más allá del motor estatal, superar la crisis energética (aunque aquí la única posibilidad de fondo es invertir en exploración), eficientizar para hacer competitiva la producción, desanarquizar el gasto público, conducir la educación en función de las necesidades nacionales, reestructurar el Estado, reducir la pobreza. Ambos sectores creen -por eso son populistas de distinto signo- que gobernar es distribuir permanentemente. No quieren elaborar tortas sino repartir alfajores. Por eso pujan tanto por el dominio de «cajas» con fondos públicos que hoy están muy engordadas desde el sector externo. No estaban así ya desde 1997 pero el distribucionismo duhaldista igual impulsó tanto reparto que terminó haciéndolo a costa de déficits continuos. Eso concluyó, era obvio, en el estallido del país en diciembre de 2001.

Del actual gobierno no se conoce un plan económico o una política de inversiones en dos años de gestión. Del Duhalde provincial y del efímero Duhalde nacional no se conocieron nunca. Con aquel distribucionismo obnubilado el duhaldismo, eso sí, montó su «aparato político» con el cual subsiste y pelea.

En países emergentes, acuciados de insatisfacciones sociales, como el nuestro, durante períodos de bonanza económica es casi imposible derrotar electoralmente a cualquier populismo. Eso pasó hace justo un año con el venezolano Hugo Chávez y un plebiscito arrollador en su favor -le dio 60%- cuando el barril de petróleo estaba cerca de 60 dólares. Distinto hubiera sido en 30/34 dólares cuando la gente hubiera percibido la necesidad de políticas racionales.

Por lo mismo dos populismos son ahora las fuerzas predominantes en disputa en la Argentina para octubre, época en que las reservas superarán los 25.000 millones de dólares y se da el paradigma de que la
soja argentina hoy por tanta demanda ya sea vendida antes de ser sembrada.

En este contexto esos populismos tienen plafond para sus propuestas sesgadas y sólo de corto plazo. Lo grave es que se desperdicia una inmejorable oportunidad como no se daba en 53 años anteriores para encarar una distribución social mesurada paralela a una fuerte inversión para consolidar la Argentina del futuro que no dependa más de soplos de bonanza por coyunturas internacionales o cualquier otro hecho fortuito. Si al menos nuestros populismos hicieran el keynesianismo que pregonan y ahorraran en épocas de prosperidad... Ni eso, pero sí cumplen en ahondar déficits en los ciclos de depresión.

• Envoltorio

Los comicios de octubre entonces serán democracia formal. Indispensable pero no más que envoltorio. Habrá urnas, se decretará la veda electoral, habilitarán las escuelas y pasadas las 18 abrirán los restoranes. Pero no habrá puja de ideas. En mayoría de edad de una Nación podría imponerse un populismo fruto de la algarada económica pero vislumbrarse una fuerza política opuesta con ideas de más racionalidad y visión de futuro. Que se consolide el duhaldismo, un híbrido, buscando representatividad sólo para asegurarse vigencia es retroceso. Que se consolide el gobierno con un triunfo holgado es riesgo democrático, de revanchismo y estatismo.

La mayor visión de futuro de los Duhalde para una supuesta grandeza nacional será consagrar candidato a presidente para 2007 a Roberto Lavagna, al que consideran «prestado» al kirchnerismo. Aun cuando el actual ministro de Economía resalta más hoy, predicando austeridad, que cuando ganó fama con una controvertida refinanciación de deuda por sus demoras, los «peajes» del duhaldismo para cualquier arribo tienen costos insuperables para una nación necesitada de modernizarse y expandirse con apremio. Otra ironía política y desazón por los comicios de octubre será que parte de los libreempresistas y moderados llegarán a votar con desagrado ese populismo duhaldista para frenar al kirchnerismo que consideran la acechanza más grave, fundamentalmente por su indudable tendencia hegemónica acicateada por un progresismo revanchista. Todo limitado solamente por falta de carismas personales.

La duda sobre desperdiciar el voto antigobierno está afectando a candidatos de centroderecha como Ricardo López Murphy en la provincia. El hecho de que no pueda ni cubrir con fiscales el territorio bonaerense, rastrillado por la picardía duhaldista, alarma más al votarlo. En cambio eso no se da, o en menor medida, en Capital Federal porque los moderados ven capaz de ganar a Mauricio Macri y se entusiasman en concentrarle el voto.

La próxima elección legislativa tiene dos grandes incógnitas, aunque ninguna será la clave para el desarrollo futuro del país. Una es si la candidata Chiche Duhalde logra superar el 25% de los votos computables del padrón de la provincia de Buenos Aires. Aun cuando Cristina Kirchner llegara a 35% -se estima que entre ambas mujeres pueden estar cerca de 60% del electorado bonaerense- tal encumbramiento duhaldista complicará al gobierno en el Congreso, con exigencias de repartir «las cajas», en consiguiente más distribucionismo, en la lucha por fondos públicos para ganar fuerza para la elección presidencial de 2007.

La otra incógnita -que influirá en la anterior- es saber en qué medida el reparto de prebendas desde el gobierno Kirchner se reflejará en las urnas. En Santiago del Estero el voto «pago fácil» del gobierno vía el ex interventor Pablo Lanusse no funcionó porque en definitiva perdió el candidato del gobierno. No se sabe qué pasará en octubre en la soledad de los cuartos oscuros luego de tantos anuncios, congelamientos, subsidios y reparto de fondos desde este gobierno nacional hacia gobernaciones y municipios.

Desde ya 3 millones de jubilados y 3 millones y medio de desocupados o subocupados es un campo fértil para gastar los dineros públicos como sólo lo puede hacer el poder central. Pero aunque se reparta no hay correlación histórica precisa entre dádiva gubernamental y urnas favorables. Lo logró Juan Perón, pero aquel líder justicialista y su esposa Eva tenían un enorme carisma. Con fondos cuantiosos acumulados durante la Segunda Guerra Mundial -se exportaban alimentos al mundo y no había posibilidades de importar- más sus personalidades tan especiales se hicieron electoralmente indoblegables, aun cuando hubiera existido libertad de prensa y democracia plena, como no hubo.

• Perdedores

Arturo Frondizi -1958 a 1962- le dio el mayor nivel de desarrollo y prosperidad en décadas a la Argentina. Sin embargo, en 1962 no lo acompañó bien una parte decisiva de la sociedad en las urnas y quedó debilitado para que lo derrocaran los militares poco después. Cuando Antonio Cafiero en 1988 dominaba toda la estructura bonaerense decisiva del Partido Justicialista, junto con «los renovadores», le ganó la elección interna y la candidatura presidencial el carisma del riojano Carlos Menem.

Hoy en la Argentina el único político capaz de ganar una elección por su imagen sin respaldo de fondos parece ser el santafesino socialista Hermes Binner, aunque no hizo nada relevante como intendente de Rosario.

Históricamente el carisma entre los argentinos genera emociones que a veces superan los beneficios materiales esperables. Juega a favor del gobierno que si en verdad el matrimonio Kirchner no tiene esos atributos tampoco los tiene Duhalde, aunque aquí la esposa, Chiche, ha asumido un papel más humanizado, más atemperado, menos galáctico que la Primera Dama y el Presidente. Habrá que esperar 55 días.

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