Hasta hace pocos días toda parecía andar más o menos bien en Turquía. El 15 de noviembre del año pasado el país había firmado un acuerdo a 3 años por u$s 3.900 millones con el FMI, en el que el Banco Mundial contribuyó con otros u$s 3.900 millones, para estabilizar su economía de acuerdo con los patrones clásicos de estas dos entidades (privatizaciones, reducción del déficit, etc.). Desde entonces el programa turco se venía promocionado como una de las historias de éxito del Fondo, llevando a que por prime-ra vez desde los '80 la inflación cayese a 40% anual, y que la Bolsa trepara en dólares 170% en apenas dos meses. Incluso el país lideró algunas de las colocaciones de deuda más importantes de 2000, como el Turk 2060.
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Pero la semana pasada todo cambió. El gobierno puso a la venta 10 bancos que había absorbido durante los dos últimos años y que acumu-laban una pérdida conjunta de u$s 7.000 millones. Cuando se vio que apenas dos entidades del exterior mostraron algún interés en quedarse con ellos, se inició una corrida dentro del mismo sistema bancario. Esto derivó en una carrera para hacerse de dólares por parte de las entidades más sanas, forzando al Banco Central a reducir sus reservas a poco más de u$s 19.000 millones, de los u$s 25.000 en que estaban hace siete días. Lo peor, por ahora, se tocó el martes cuando la tasa de call subió a 180% diario y uno de los bancos más necesitados se vio obligado a abonar 250%, mientras la Bolsa luego de caer 9% marcó un mínimo para lo que va del año, perdiendo más de 50%. Si bien ayer la Bolsa siguió retorciendo (poco más de 2%), los bonos se recuperaron y las tasas del bono Turkia 2030 cayeron a 54% frente a 67% que tocó el martes, aunque con volúmenes muy bajos.
A pesar de la corrida, el gobierno no ha abandonado «la tablita» acordada con el FMI, que implica una baja de 1% mensual de la moneda local frente a la canasta de monedas, por lo que irónicamente ayer el dólar retrocedió ante la lira, a pesar de fugarse más de u$s 1.000 millones.
Si bien hay duda sobre el apoyo del FMI, lo cierto es que el gobierno ha estado haciendo todo lo que hizo en las últimas semanas con la anuencia del organismo y todas las esperanzas se cifran en la ayuda del organismo. Cuando el miércoles de la semana pasada se desató la crisis, el presidente del Banco Central, Gazi Ercel, se comunicó con el FMI antes de comenzar a inyectar liquidez al mercado. El domingo Stanley Fischer se apartó del protocolo e intentó apoyar la acción gubernamental con sus palabras. Si el mercado consideró ayer que las declaraciones del subsecretario del Tesoro, Selcuk Demiralp, anunciando que siguiendo los pasos de la Argentina se recurriría a las Facilidades Suplementarias del FMI, tenían la suficiente sustancia como para revertir la crisis, tal vez no esté tan errado.
El problema es que la crisis es más profundo que sólo una corrida bancaria. El lunes, el ministro de Transporte, Enis Oksuz, apoyado por una parte importante del oficialismo (compuesto de una alianza de tres partidos), se opuso a la privatización de la joya de la corona turca, Turk Telekom. De acuerdo con lo comprometido con el FMI se esperaba recaudar u$s 2.000 millones el próximo 15 de diciembre cuando debía salir a la venta 20% de la empresa.
Lo único que está jugando a favor del gobierno es que por ahora la crisis no se ha manifestado entre la población, y se ha circunscrito a los grandes operadores financieros. El temor es que si no se solucionan inmediatamente las cosas, pronto cientos de miles de turcos se lancen a hacerse de moneda extranjera.
A esta altura, uno no puede dejar de preguntarse ¿en qué nos afecta una crisis turca? Los más involucrados son los bancos alemanes, tanto en términos de los préstamos acordados como por la tenencia de bonos que mantienen en cartera. La comunidad financiera internacional se desprendió prácticamente de todo el riesgo turco durante la crisis de 1994 y a pesar de las últimas declaraciones de confianza, parece que los germanos están siguiendo el mismo camino. La semana pasada el Deustche Bank vendió unos u$s 700 millones que mantenían en Letras turcas, realimentando la crisis. De todas maneras en Wall Street aún son muchos, en especial las boutiques financieras más chicas, las que mantienen riesgo turco en sus manos. Reflejo de esto es que en apenas 4 años los títulos turcos pasaron del puesto 18° al 4° como los más negociados en el mundillo de los mercados emergentes (debajo de Brasil, México y la Argentina). El peligro no es tanto el default turco en sí mismo, sino que cualquier crisis en una de estas pequeñas casas bursátiles puede llegar a tener un efecto dominó sobre el resto de la deuda emergente.
Como dicen los operadores (cualquier parecido con la Argentina es... pura realidad).