Casi podemos decir que fue una lástima que el mercado permaneciera ayer cerrado. Es que "la aventura" del presidente Bush incursionando personalmente en Irak se dio a conocer en lo que hubiera sido la última mitad de la rueda, y hubiera tenido sin dudas un importante efecto catalizador sobre el ánimo de los inversores. Ahora, con casi 24 horas encima, es difícil predecir cómo analizaron las cosas los pocos inversores que decidieron permanecer mañana al pie del "cañón" en lo que será una rueda reducida en el tiempo, ya que termina pasado el mediodía. La tradición indica que en promedio las acciones ganan 0,41% en la sesión del viernes siguiente al Día de Acción de Gracias. Claro que hablamos de un promedio, por lo que es tan viable una suba como una baja, aunque realmente pocos apuestan a esto último. Dejando por un momento de lado las cuestiones "puras" del mercado, es claro que, desde esta semana, con la aprobación de la nueva legislación de salud y el viaje a Bagdad, el presidente ha dejado de estar a la defensiva para dar un paso adelante de sus contendientes demócratas en las elecciones presidenciales del año que viene. Sin entrar en consideraciones políticas, lo cierto es que esto resta incertidumbre, y aunque no elimina para nada los graves problemas que pesan sobre el futuro, sirve para traer tranquilidad a los inversores. De ahí a que esto se traslade positiva y necesariamente sobre el precio de las acciones, es otra cuestión. De hecho, por algún motivo, y a pesar de que el mercado financiero norteamericano no operó, ayer el euro volvió a ganar terreno al quedar en u$s 1,1907.
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