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15 de octubre 2008 - 00:00

Parece ser calma, pero aún no lo es

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Si bien EE.UU. tiene fama de seguir la política menos intervencionista del mundo, la realidad es bastante distinta. El antecedente directo de lo que vivimos estos días es la RFC que en los 30 intervino unos 6.000 bancos. Pero hay más. En 1917 se nacionalizó todo el sistema ferrocarrilero; durante la Segunda Guerra Mundial miles de empresas sufrieron igual suerte (desde minas hasta -incomprensiblemente- la cadena de tiendas Montgomery Ward). En la guerra de Corea le tocó el turno a la industria del acero. En 1984 fue el sexto banco más grande del país, el Continental Illinois, que pasó a manos del Estado; y la lista sigue. Tras la segunda guerra mundial, tuvimos una ola desreguladora que fue quebrada por Richard Nixon. Si bien muchos ven en Ronald Regan el padre de la ola liberalizadora de los 80, la verdad es que fue Jimmy Carter (liberalizó la industria aeronáutica, los ferrocarriles y el transporte carretero) al implementar el sistema de análisis de costos/beneficios -que aún se aplica a cualquier nueva regulación- quien dio el puntapié inicial.

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El nuevo quiebre a favor de la intervención del Estado lo dio "papá" Bush, quien en 1991 era definido por la prensa como "El presidente regulador" (furioso, impuso ahí una moratoria a todas las regulaciones). Sin embargo, los laureles como signatario del mayor número de regulaciones (aun sin contar las últimas medidas) le toca a su hijo. Quien conozca la historia norteamericana no puede sorprenderse entonces de las últimas medidas de rescate ni de la onda reguladora que muy posiblemente sobrevendrá. "El plan" (un símil del europeo) lo que hace en última instancia es transformar riesgo sistémico privado en riesgo "nacional", premiando a los supervivientes más grandes al recapitalizarlos. El 0,82% que retrocedió ayer el Dow al cerrar en 9.310,99 puntos sugiere que más allá de la fortísima lucha entre sobrevendidos y sobrecomprados -el spread intradiario fue de 7,8%-, el mercado reconoce esta circunstancia (el sector financiero "voló" 6,4%). Lo mejor: el mercado comienza a discriminar; lo peor: la realidad económica comienza a sentirse.

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