Paró de rodar cuesta abajo

Economía

Lo primero... es lo primero, diría el operador Perogrullo, y para la pendiente que se había desatado desde el comienzo de febrero: lo primero era poder encontrar alguna raíz saliente de donde asirse para, al menos, dejar de rodar cuesta abajo.

Sin resultar un objetivo de perfil alto, resultaba una meta ala que había que ver si podía arribar en la última rueda, precedida de dos incendios de indicadores. Después de reconocer mínimos de sólo 1.691 puntos, el Merval transitó por encima de la cornisa con su máximo en los 1.713 y aguantando en el cierre con una marca de 1.703.

Tarea cumplida, objetivo alcanzado, como para intentar pasar a una segunda fase del juego de altibajos. Un fin de semana, oportuno, para tratar de rehacer los ánimos y hasta cruzar los dedos porque no surgiera ninguna novedad desagradable aquí, en el mundo, o donde fuere...

Apenas con lo justo se alcanzó esa suerte de meseta final, que dejó 0,23 por ciento de «repunte» (encomillado), tras haber soportados dos durísimos golpes a la quijada.

• Menos órdenes

Ayudó que el caudal que venía río abajo se adelgazó en la rueda final del período, a sabiendas de que, con una demanda en inferioridad notoria, toda la pérdida de peso en el total de órdenes correspondería a una oferta menos agresiva. Y así, haciendo $ 76 millones, con una franja de 10 por ciento sobre el total del día, las acciones de nuestro mercado dejaron de caer. Y el volumen de seguir siendo demasiado líquido. Dos elementos que configuraron lo que, hasta el momento, es la única señal soportable de febrero. Si se toma la semana, en la mezcla de meses, el saldo aportó 2,2 por ciento de baja, prueba de que la zona de rodados resultó bastante más contundente que cuando se iba camino a una cima. Nada del otro mundo, lejos de un rebote formal, todavía envuelto en incertidumbre -y miedos- el ambiente, pero ahora va de nuevo.

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