12 de abril 2002 - 00:00

Peligra club del trueque por descontrol en bonos

Este es uno de los bonos o crédito que sirven de moneda dentro del club del trueque.
Este es uno de los bonos o "crédito" que sirven de moneda dentro del club del trueque.
Hace siete años que en la Argentina prolifera el mercado del trueque y en su mediano tiempo de vida logró un balance notable: más de 2,5 millones de adeptos, aproximadamente 4.000 nodos o espacios para desenvolver la actividad en todo el país y transacciones superiores a los 600 millones de pesos anuales. Este crecimiento no pasó inadvertido y fue «noticia» principal hasta en el extranjero, donde se comenzó a estudiar la posibilidad de instrumentar un sistema parecido para combatir la «extrema pobreza».

Basado en una idea trivial, el trueque se convirtió en un instrumento económico y social, pero con un enorme conflicto que no consiguió evitar: importar del mercado formal todos -o casi todos- sus vicios. Bajo el título de «trocar» se terminaron por alterar demasiadas operaciones, como la emisión descontrolada de «créditos» (papel para trocar que viene a reemplazar a la moneda, pero que no es dinero), intercambios claramente «lucrativos» e inevitables mesas de dinero donde es posible cambiar estos vales por moneda nacional y hasta bonos provinciales.

Llamativamente, este sistema también padece procesos inflacionarios, o bien devaluación o depreciación de los vales. El trueque es la actividad comercial más primitiva y elemental. A partir del cambio de una gallina por un tejido, nació la necesidad de comerciar con un valor común.

Entre los primeros valores comunes se encuentra la sal como moneda, que fue desechada por ser demasiado incómoda para transportar de un lugar a otro. El sistema finalmente se organizó cuando los estados y autoridades comenzaron a emitir monedas nacionales y a controlar su emisión -respaldada siempre por otro valor, como por ejemplo el oro-.

Entre los siglos XV y XVII se estableció el sistema bancario y el trueque se disolvió. La historia del trueque en la Argentina es particular. En la época colonial, los ingleses introdujeron el uso de las monedas porque los criollos estaban demasiado aferrados al sistema del trueque, que fracasó al igual que lo hizo en el mundo entero.

La diferencia entre el trueque y el sistema de comercio es el dinero y el destino que se le da. Se supone que en un trueque se intercambian vales que representan un valor común y que está respaldado por la «buena fe» de quien lo otorga. No debería haber ni inflación, ni cambio por dinero, ni siquiera acumulación de estos papeles porque no representan más que un medio para agilizar un intercambio de subsistencia.

La realidad hoy es otra. El primer nodo fue organizado en la localidad bonaearense de Quilmes, por un químico, un museólogo y un psicólogo; Horacio Covas, Rubén Ravena y Carlos De Sanzo.

Idearon un espacio, con nombres prestados de Alvin Toffler (como prosumidor, que es productor y consumidor) y trajeron a la realidad argentina el más viejo de los sistemas económicos que servía en aquel entonces para lucrar. En un momento dado, aparece el «crédito» como vale de intercambio y la emisión para dar «liquidez» a la plaza.

Hoy, cada uno de los nodos tiene una «comisión de créditos» formada por un titular y subtitular del espacio de trueque más un contador. Ellos, máxima estructura financiera, deciden cuánto emitir y cuándo. Cada billete, tiene el número de CUIT de la persona que lo emite y un número que refiere a la cantidad. Hay vales de 1/2, 1, 5, 10, 20 y 50 créditos y por persona deberían emitirse no más de 50 créditos, según las reglamentaciones internas de esta red. Cada nuevo participante debe presentar el DNI, completar un formulario y capacitarse. La capacitación es una charla a cargo de personas no siempre entendidas del tema económico que dura aproximadamente una hora. Luego de eso, se paga una entrada de dos créditos y se solicita un préstamo de «50 créditos» que deben devolverse para iniciar la actividad.

Sin embargo, no hay control de emisión. Nadie audita cuánto emite cada nodo y los vales apenas tienen un mínimo de seguridad. «Hay gente que imprimió vales parecidos a los de la red, pero acá cada uno imprime lo que quiere, no es moneda, no puede haber falsificación porque no es dinero, si uno quiere puede traer sus vales, pero de ahí a que se acepten...», explicó la coordinadora de un nodo porteño.

Lo cierto es que ese mismo día, los trocadores revisaban minuciosamente cada vale porque aseguraban que habían aparecido muchos «falsos», imposibles de canjear. El problema es que el canje no es siempre por bienes.

Afuera de ese mismo nodo, había una chica con un fajo de billetes y vales que «cambiaba con descuentos». Como hay vales diferentes, según el nodo que lo emite, hay valores diferentes. En Lanús, por ejemplo, para entrar se paga 3 pesos y le otorgan al ingresante inmediatamente 50 créditos.

«No podemos evitar que alguien cambie vales por pesos, no tenemos autoridad suficiente para impedirlo y esto tomó dimensiones increíbles, es imposible controlar a toda la gente», dijo el titular de la comisión de créditos de un nodo del sur del GBA.

• Inflación

Otro problema es la inflación en los precios, que es justificación también de una emisión descontrolada. Cuanto más se emite, menos vale una moneda. Acá, lo que se depreció fue el vale y se dio tanta velocidad al circulante que hay exceso de oferta monetaria sobre un mercado con menor capacidad de absorción.

¿Se está hablando de la economía formal? No, aunque parezca mentira. No todos entran en la bolsa.
Ambito Financiero pudo corroborar que cientos de participantes cambian para cubrir necesidades básicas, como útiles escolares, alimentos o vestimenta.

Lo inentendible es que se canjeen por créditos computadoras de última generación, vestidos de fiesta o juegos de living nuevos. Aquí tienen mucha participación comerciantes que, ante la recesión y falta de ventas, trasladan mercadería nueva a los trueques y no la venden, la cambian por créditos.

Uno de estos comerciantes tomó hasta empleados en el mismo nodo y paga a cada uno de ellos con los famosos créditos. ¿Es posible que alguien canjee una computadora a 3.000 créditos para comer? ¿Alguien logró acumular 3.000 créditos para pagar ese bien? Si supuestamente es economía de supervivencia, no. Los pesos son los que se pueden ahorrar.

«Miren ustedes no tienen que aceptar pesos, porque así la AFIP no nos puede hacer nada», dijo una capacitadora. Es difícil pensar en una economía de subsistencia ordenada en la Argentina. El Banco Central surgió como autoridad de control de los bancos y del circulante. El trueque no tiene autoridad que lo controle. Si se calcula que los vales en circulación son 50 créditos por cada participante, debería haber en circulación 125 millones de créditos.

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