1 de agosto 2001 - 00:00

PJ: gobernadores juegan mirando urnas y dinero

Esta semana podrían conocerse las razones que determinaron que los gobernadores peronistas, quienes habitualmente han sido cooperativos con el gobierno de Fernando de la Rúa, fueran tan remisos a prestarle apoyo en la aprobación de la ley de déficit cero que se trató durante el fin de semana en el Senado. Sencillamente: el poder central no envió todavía los fondos comprometidos con las administraciones del interior para que se pueda hacer frente al pago de salarios en los próximos días.

El pacto que firmó el gobierno nacional con las provincias, gestionado por Chrystian Colombo, contenía como cláusula principal -vista desde el ángulo de los gobernadores-que se cumpliría con el Fondo Fiduciario para que se pudieran realizar las transferencias correspondientes a las provincias. Que ese fondeo estaría supeditado al aporte que realizaran los bancos o las empresas de servicios públicos fue algo que nunca quedó por escrito y que ahora es materia de discusión y hasta de reproche.

Lo cierto es que los recursos federales sirvieron como causa o por lo menos como excusa para el comportamiento de algunos gobernadores y senadores. Aunque nunca en política el motor de una acción es único:

Hubo gobernadores, como los de las provincias del Norte, que se mostraron sumamente proclives para ayudar al gobierno a salir del atolladero legislativo. Son jefes de provincias «chicas» y, en general, sumamente endeudadas. Coordinados por Ramón Puerta en un frente federal, estos mandatarios (Fellner, Miranda, Rovira, Romero, Juárez, Insfrán, Mazza) presionaron al PJ en favor de la Casa Rosada, a sabiendas de que cualquier colapso en el financiamiento nacional los arrastraría necesariamente a ellos. Sin embargo, esta conducta no alineó a los senadores automáticamente: el gobierno (Colombo sobre todo) debió pagar caros los enfrentamientos entre algunos de estos gobernadores con senadores que no les son adictos. Es el caso de Gildo Insfrán y el senador Ricardo Branda (Formosa), el de Angel Mazza y Jorge Yoma (La Rioja) y, en alguna medida, el de Eduardo Fellner con Alberto Tell (Jujuy). Varios senadores peronistas que votaron por el no lo hicieron más para castigar a los gobernadores de sus provincias que al gobierno nacional.

La lógica de los gobernadores de provincias grandes fue otra: en alguna medida, José Manuel de la Sota, Carlos Reutemann y Carlos Ruckauf tuvieron en cuenta cierta indiferencia del gobierno nacional ante las crisis financieras de sus distritos y, sobre todo, los costos y beneficios que la ley tendría para el oficialismo en la campaña electoral ya lanzada. De todos modos, la conducta de los tres grandes no fue homogénea.

De la Sota jugó claramente al disenso con el gobierno nacional. Un poco porque cree que Fernando de la Rúa burló los acuerdos de financiamiento que se habían alcanzado cuando se firmó el pacto del déficit cero. Otro poco por cálculo electoral. Pero acaso el motivo último que tentó a De la Sota a oponerse al ajuste fue una especulación en la interna del PJ: una crisis más profunda del financiamiento nacional pegaría más duro en la provincia de Buenos Aires que en cualquier otra geografía. Y De la Sota, aún deteriorado en la administración de su propia casa, disfruta el eclipse que afecta a Ruckauf.

El caso de este último es peculiar. Se benefició con la presión nacional sobre los partidos de la Alianza para que le aprueben el ajuste bonaerense que debió resignarse a realizar. Hasta Leopoldo Moreau lo apoyó sin chistar. Pero, cuando los bonaerenses tuvieron que retribuir ese gesto en el Senado, Ruckauf tuvo la excusa (cierta) de que no maneja su partido: Antonio Cafiero votó en contra y Jorge Villaverde ni apareció por el Senado, y ambos se excusaron en órdenes de Eduardo Duhalde, no del gobernador.

El juego de Reutemann no debería sorprender. Estuvo ausente y actuó, como siempre, de manera anodina y hasta tuvo la excusa del fallecimiento de uno de sus senadores, Carlos «Chango» Funes, para que quedara en la bruma cómo hubiera sido el voto santafesino en la encrucijada del ajuste.

Si bien estas conductas del PJ se explican por más de una variable, el juego puede resultar menos complejo de lo que luce en la superficie. Después de varios ajustes fiscales y en vísperas de elecciones, el gobierno ya no encuentra en los gobernadores la misma solidaridad que aparecía cuando no había urnas a la vista. En la Casa Rosada ya tomaron nota y, otra vez, preparan la agenda de un acuerdo que limite el conflicto. Casi una quimera si, en los próximos siete días, el cheque de los sueldos no aparece en las provincias.

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