25 de mayo 2021 - 20:48

Los Simuladores de la inflación

La serie de Szifrón nos deja ver los precios de la vida cotidiana, allá por el 2002.

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Sentado en el sillón de mi casa, algo cansado de las series españolas y yanquis, sentí que precisaba un cambio. Necesitaba una serie que tuviera suspenso pero también comedia, que me hiciera reír y a la vez me diera ganas de seguir al próximo capítulo una y otra vez. Pasé por el completo catálogo de la N del streaming y allí los encontré: Los Simuladores.

La serie creada por Damián Szifrón (director de Relatos Salvajes, entre su gran repertorio) transcurre en Argentina entre 2002 y 2003. Santos, Ravenna, Medina y Lamponne (Lamponne, te agachas y…) conforman un grupo infalible a la hora de resolver problemas de la vida cotidiana. En el devenir de los 24 episodios que componen la historia, e inspirado en un tweet de @simuladorscreen, no pude dejar de asombrarme por un elemento particular: los precios.

Por empezar, debemos tener en cuenta que la serie se desarrolla en la incipiente devaluación que llevó al dólar de $1 a $3, cuyo precio se mantuvo por ¡Siete años! Si, tuvimos el dólar a $3 por siete años. Después, digamos que pasaron cosas. Teniendo en cuenta esto, y considerando al dólar actual en $150, deberíamos multiplicar x50 a cada uno de los precios que vamos a ver a continuación, como para poder extrapolar los valores de aquel momento a la actualidad.

Yendo en orden cronológico, vamos al primer capítulo. Allí, Carola Reyna se toma un taxi para ir a buscar a su marido, Claudio Rissi. Al llegar a destino, el viaje le cuesta $4,20. Le paga con $5 al taxista y le deja 80 centavos de propina, contenta por haber finalmente encontrado a su esposo. Hoy, sólo la bajada de bandera cuesta $85 y un viaje promedio ronda los $250 (60 veces más).

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En el siguiente capítulo, Vanegas (Pasta Dioguardi) tiene un locutorio en el cual cobra $1.90 por una llamada y $1 la recepción de fax. Imposible compararlo con tarifas actuales, ya que ese tipo de comercio está prácticamente erradicado. Solicitamos diez segundos de silencio por quienes abrieron un locutorio hace veinte años.

Ya en el tercer capítulo, Marcelo Trepat contrata a unos mariachis para recibir a los accionistas mexicanos de su empresa. Son 4, y les paga $500. Hoy, un show de media hora (de parte de Los Mariachis Reyes del Jalisco) cuesta $8.000 (16 veces más). En este caso, los mariachis actualmente cobran al dólar oficial, o bien se aprovecharon del amigo Trepat en aquel momento.

En el capítulo 4, el protagonista es Osvaldo Santoro. Interpretando a un español obsesionado con Andrea Politti, se quiere instalar en Argentina. Primero, visita diferentes chacras, una de ellas en Monte Grande, por la que le piden u$s250.000. Acá es muy complicado hacer una comparación porque hay datos importantes, como hectáreas y ubicación, que lógicamente no aparecen. Ahora bien, finalmente Santoro es forzado a dejar el país y se toma un taxi con dirección a Ezeiza: $20 el viaje. Hoy en día, un viaje (Radio Taxi Premium) al aeropuerto está en $1.790 (90 veces más).

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Ya en el capítulo 8, Boy Olmi quiere dejar a su mujer, Claribel Medina. No la quiere hacer sufrir y contrata al equipo de Santos y Cía. Ella trabaja en la Casa de Rusia, haciendo talleres de lectura. Gana $400 por mes, que llevados a hoy serían unos $20.000. Suena a poco. En ese mismo capítulo, Gabriel Goity se roba un libro de una librería de Avenida Corrientes, cuyo precio era de apenas $6. Un billete de $1 y un billete de $5. Hoy, ninguno de los dos billetes existen más.

Capítulo 9, momento de la aparición estelar del gran Milazzo (César Vianco). Presentándose como representante de artistas, estafa a todo tipo de personas pidiéndoles $180 para conseguirles trabajo. Eso es, según uno de los estafados, lo que gana un obrero en una quincena. Hoy en día, un obrero gana más que eso ($220, según la UOCRA) en una sóla hora de trabajo.

Los Simuladores engañan al estafador y le hacen creer que se haría un reality show de supervivencia, pero a último momento se cae un inversor. Ahí, Milazzo es quien pone el dinero para mantener el supuesto proyecto: $300.000. En aquel momento, ni más ni menos que u$s100.000. Hoy no sirven ni para comprar un Renault Twingo modelo 1999.

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En ese mismo capítulo, se promociona un recital de Damas Gratis por $8 (el recital existió y fue el 20/04/2002). En abril de 2021, el grupo encabezado por Pablo Lescano dio un show en el Casino de Puerto Madero, con precios promedio en $1.600 (200 veces más). En este caso, la comparación es engañosa porque al acotarse la cantidad de gente que puede concurrir al espectáculo, los precios se hacen más elevados. En ese mismo capítulo, también se ve el cartel de un supermercado que tiene $3 el asado de novillo. Hoy cuesta $600 (x200).

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Al siguiente capítulo, Érica Rivas siente vergüenza de su familia. Su mamá trabaja como cocinera en un restaurante en Puerto Madero, que tiene precios “exorbitantes”: un ratatouille $22, un lomo mechado $30 y una gaseosa $4,50 (SI, CUATRO CON CINCUENTA). Acá el tema precios es muy relativo en cuanto a los platos, por eso quizás la gaseosa sea la manera más fácil de analizarlo. Hoy suponemos que ronda los $180 en un lugar de ese estilo (40 veces más). En ese mismo capítulo, Divino Vivas es dueño de una pequeña verdulería en la que se ve una de las promociones que tiene: dos kilos de pera a $2. Hoy, dos kilos se consiguen por $200 (100 veces más).

Ya en el capítulo 12, Mónica Galán está profundamente deprimida por lo que su hija (Malena Solda) busca sacarla de ese vacío existencial. Los cuatro fantásticos salen a buscar a un doble de Paul McCartney y lo encuentran en una carnicería. Allí, se ven los precios: $3 el kilo de bife ancho, $5 el kilo de colita de cuadril y $7 el de lomo. Hoy, tenemos que multiplicar esos precios entre 120 y 160 veces para comprar lo mismo.

Entrando en la segunda temporada, el capítulo 14 nos muestra a Atilio Pozzobón internado tras un infarto. Su seguro médico no cubre la internación, por lo que su familia debe pagar $2000 diarios (u$s700) para dejarlo en una clínica privada. En el mismo capítulo, Medina comenta que las prepagas son un negocio muy rentable, cobrando entre $150 y $300 de cuota mensual. Párrafo aparte para las palabras de Santos en esa misma charla. Hoy, la obra social de las cuatro letras tiene planes que están entre $12.000 y $30.000 (entre 80 y 100 veces más caros).

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El capítulo 18 es quizás uno de los mejores: El Vengador Infantil. O mejor dicho, El Vengadooooooooooooor In-fan-tiiiil. Un nene, interpretado por Luciano Acosta, sufre el bullying de parte de varios compañeros. Esto es detectado por el kiosquero del colegio, cuyos precios asombran. $0,50 un pancho, $1 una gaseosa y $2 una hamburguesa completa. Hoy, lo mismo cuesta 80 veces más. En el mismo capítulo, Milazzo está enfrascado en la búsqueda de quienes lo estafaron y se va a vivir a una pensión, en la que paga $150 por mes. Hoy, con muchísima suerte, eso es lo que se paga por día.

La historia continúa y los precios siguen apareciendo. $500 el sueldo de una médica, $50 el soborno que les pide un policía, $250 una multa por exceso de velocidad, por nombrar algunos más. En la mayoría de los casos, los precios actuales subieron más que lo que subió la cotización del dólar, lo cual muestra que la inflación es un fenómeno incluso más nocivo que la depreciación del peso, aunque ambos estén directamente relacionados.

En definitiva, esta nota sirve para ver cómo fueron distorsionándose los precios con el paso del tiempo, a partir de la espiral inflacionaria y de la avivada de varios sectores que deciden “dolarizar” todos los precios, aunque parte de sus costos estén en pesos. Aumenta uno, aumenta el otro, entonces aumento yo también. La culpa no es mía, la culpa es del resto.

El problema es la mente del argentino, que piensa en dólares. La dolarización explícita de los inmuebles, que comenzó allá por la década del 70, se transformó en una dolarización tácita del resto de los bienes y servicios de la economía. Nuestra moneda termina siendo el dólar, aunque todavía tenga forma de peso. Y ese es un problema que llevará años resolver. Más allá de la inteligencia de Santos, la versatilidad de Ravenna, la logística de Lamponne y la investigación de Medina, la inflación es un fenómeno que trasciende gobiernos y que continúa pegándole de lleno al bolsillo de todos los argentinos.

Esta vez, armar una cita con Santos, ser puntual e ir sólo, no alcanzará para solucionar el problema.

Una perlita para finalizar: quizás lo más irreal de todo se vea en el capítulo 7. Allí, Carlos Garric interpreta a Pontevecchio, un empresario que extorsiona a Eduardo Santoro con unas fotos. Los negativos los guarda en una caja de seguridad. Lo increíble es que además de los negativos, Garric también guarda $40.000 en esa caja. Si, pesos inmovilizados en una caja de seguridad. Pensándolo bien, la serie de Szifrón bien podría catalogarse entonces, en el género de ciencia ficción.

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