Es obvio: mercados, organismos internacionales, calificadoras y bancos reaccionaron a favor de la remoción del ministro de Economía en la Argentina. Tanta euforia despertó la llegada de Ricardo López Murphy que muchos, razonablemente, se preguntan por qué Fernando de la Rúa no procedió antes. Es un interrogante, para ser justos, que se formula el mismo Presidente. Pero este anticipo de optimismo tiene plazos y, además, muchos dudan ya de que el nuevo ministro pueda imponer todas sus ideas bajo el paraguas de una Alianza controversial. Además, ya lo dijo él mismo cuando aceptó el cargo: son varias las limitaciones para actuar en Economía.
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Se pensó con lógica en trabas técnicas conocidas -como la dificultad para cambiar la política cambiaria-, pero ahora se agrega con preocupación la creciente falta de respaldo de un oficialismo que le desconfía y ha comenzado a bombardearlo. En esas condiciones, la estabilidad del ministro será turbulenta y sus medidas no pasarán de ser un apósito para bloquear una hemorragia. Por eso ayer López Murphy pidió ayuda en el gabinete, a un día de gestión y ante ojos asombrados.
No son menores los desaires, ni tampoco ocultos. En horas, le disparó públicamente la sindicalista aérea Alicia Castro (Frepaso) mientras el jefe de la UCR, Raúl Alfonsín, lo cuestionaba con dureza sin atreverse a nombrarlo. Por lo menos, una falta de respeto para quien está en el gobierno, sea el propio ministro o el Presidente, que lo designó. Ni hablar de lo que se dice en las reuniones de frepasistas y radicales, ya confabulados en un «no pasarán» a las posibles medidas de Economía (no hay buena voluntad ni para el decreto de previsión social que duerme en el Congreso y data de la época de Machinea). Para revelar absoluta falta de solidaridad en los momentos de crisis, tanto Alfonsín como Carlos Chacho Alvarez no asistieron a la jura de López Murphy por «compromisos ya contraídos». Sí, en cambio, ayer se hicieron tiempo para compartir el lanzamiento socialdemócrata del ex mandatario por una senaduría bonaerense. Además, previsores, ambos han decidido apartarse de la zona roja y parten por tiempo indeterminado a los Estados Unidos y Canadá.
Si inicialmente López Murphy se planteó entre un plan progresivo y otro de shock, optando por este último debido a que lo que no se hace al principio no se hace más, ahora deberá contemplar que ese propósito no dispone de solidez política, ya que el Presidente apenas si constituye 33% de un triunvirato que se reparte la mayoría (el jefe de su partido es Alfonsín y Alvarez el que controla el otro núcleo asociado). Con ese porcentaje, ya se vio hasta ahora, parece difícil gobernar; de no modificar ese porcentaje o la sociedad política, parece mucho más complejo que López Murphy le pueda imprimir un cambio radical a la administración. Cumplir a rajatabla lo suscripto con el Fondo Monetario Internacional, una reforma tributaria y otra del Estado, objetivos que el día de la jura parecían posibles, ahora, a 48 horas de ese momento, parecen complicarse. Por lo menos es lo que comienza a sospecharse en los mercados.
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