Después de un año sin publicar ningún artículo en su página Web, Domingo Cavallo volvió al ruedo político-económico. Como primer contacto después de tanto tiempo, eligió hacer una reseña de la situación actual y prevé que durante los próximos tres años habrá estanflación. Además vaticina que se deberá esperar un nuevo gobierno que proponga un escenario estable para el desarrollo económico dadas las óptimas condiciones mundiales. «Para los que se ilusionan con la posibilidad de un golpe institucional que derrumbe a los Kirchner, como en diciembre de 2001 nos derrumbó a De la Rúa y a mí, mi mensaje es contundente. Un nuevo golpe institucional sólo traería más desorden y confusión», sentenció.
De aquí a 2011 asistiremos a una sucesión infernal de conflictos sectoriales, ninguno de los cuales encontrará una solución duradera. Viviremos un período de tres años de estanflación, estancamiento con inflación.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Soluciones sostenibles a todos estos conflictos sólo se darán cuando un nuevo gobierno, con ideas claras sobre lo que significa para un país contar con buenas instituciones políticas y económicas, reemplace, más que a los Kirchner, al antisistema económico y político que emergió del golpe institucional de diciembre de 2001. Para los que se ilusionan con la posibilidad de un golpe institucional que derrumbe a los Kirchner, como en diciembre de 2001 nos derrumbó a De la Rúa y a mí, mi mensaje es contundente. Un nuevo golpe institucional sólo traería más desorden y confusión, y los conflictos, en lugar de estanflación, terminarían provocando hiperinflación.
Los únicos que hoy podrían organizar un golpe institucional como el de diciembre de 2001 son los mismos actores de aquella época, o los que piensan como ellos. Son los que creen que la inflación es un remedio, no una enfermedad. Y son los que, en lugar de darle prioridad a la división republicana de poderes como forma de gobierno, creen en el apoyo de las corporaciones y del poder económico como forma de someter al Congreso y al Poder Judicial a los caprichos del Poder Ejecutivo.
Prefiero ser optimista y pensar sobre el futuro sin golpe institucional de por medio. Es decir, con los Kirchner gobernando hasta diciembre de 2011, para ser reemplazados por un gobierno muy diferente, pero muy distanciado también de las ideas e intereses que penetraron a la sociedad argentina desde enero de 2002, con la llegada de Duhalde al poder.
Lo sorprendente es que el campo haya esperado tanto tiempo para manifestar su oposición al trato obscenamente discriminatorio al que ha sido sometido desde que en el país se comenzó a hablar del «modelo productivo». La única explicación posible es el formidable mejoramiento de los términos del intercambio externo con que la economía global ha beneficiado a la Argentina desde 2003 en adelante. De no haberse dado este inédito beneficio para el país, el campo hubiera acentuado su reclamo de 2003, al comienzo mismo del gobierno de Néstor Kirchner.
Para entender por qué Néstor Kirchner está tan obsesionado porque el gobierno no aparezca aflojando frente al legítimo reclamo del campo, es necesario advertir que el conflicto con el campo es el primero que aflora con indudable respaldo popular. Pero Néstor Kirchner sabe que hay otros que pueden aparecer con igual o incluso mayor respaldo social. Por ejemplo, el trato no sólo injusto, sino también inhumano al que han sido sometidos más de un millón y medio de jubilados para los que no se aplicó la movilidad de la jubilación contemplada por las leyes en vigencia. Es notable que el Congreso no haya cumplido con su obligación de disponer anualmente el porcentaje de movilidad para todos los jubilados, como lo dispone la Ley de Solidaridad Previsional, y que tampoco haya tratado una nueva ley que adopte un esquema automático de movilidad, imprescindible cuando una economía vuelve a estar azotada por la inflación.
Es sorprendente que aún no se hayan organizado marchas al Congreso para exigir una reparación a esta tremenda injusticia. Pero Néstor Kirchner sabe que este legítimo reclamo no tardará en aflorar, con no menos apoyo popular con el que hoy cuenta el reclamo del campo.
Hay muchos otros conflictos en puerta, pero para no alargar esta nota, sólo quiero remitir a mis lectores a un artículo que escribí a principios de 2003 y que anunció lo que se venía. «Inflación por puja distributiva» es otra forma de llamar a la sucesión infernal de conflictos sectoriales que estoy describiendo como escenario de los próximos tres años.
Dejá tu comentario