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En esa zona, una impresionante avanzada de los artículos de plata cambió los «brillos» típicos de las joyerías y atrajo más movimiento de compradores, tanto locales como extranjeros.
En este momento, son contados los comercios dedicados sólo al oro y cada día más los que reemplazan el stock que siempre vendieron por modernas joyas y alhajas hechas en plata.
Se trata de un boom de la platería que se extiende a todo el mercado joyero del país y que comenzó a generarse a fines del año pasado, jactándose hoy de haber logrado aumentar cuatro veces más las ventas que en normales días de convertibilidad.
Por mes, los yacimientos mineros están vendiendo más de una tonelada de plata con distintos fines: abastecer joyerías, exportaciones o elaborar placas radiográficas.
Además -y como novedad-, muchos comerciantes colocaron en sus negocios carteles de «compro plata» al público.
«El precio por kilo ronda los u$s 180, y el metal trabajado pasa a tener un precio estimativo de u$s 500», explicó Homero Pereyra, presidente de la Cámara Argentina de Joyería, Relojería y Afines.
De acuerdo con cálculos del sector joyero, entre la hechura y compra de colgantes, alhajas, pulseras, aros y anillos de plata, este commodity mueve por mes, aproximadamente, medio millón de dólares.
Y no son pocos los motivos que llevaron a las joyerías a vestirse de plata. Por un lado, el kilo de oro cuesta u$s 11.500, y sus productos derivados son todavía más caros.
Después de la devaluación y del «corralito», las ventas de joyas de oro se redujeron a menos de 20% en relación con 1999.
La caída era lógica. Basta comparar el costo que hoy tiene un anillo de 4 gramos diseñado en oro con otro idéntico terminado en plata para entender por qué retrocedió un mercado y creció el otro: en pesos, el de oro cuesta más de $ 200 (u$s 40 de materia prima y el resto de hechura, impuestos y otros gastos); y el de plata, un valor promedio de $ 30 -alrededor de u$s 10-.
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