27 de octubre 2003 - 00:00

Realismo oficial: desde hoy empieza a enfrentar el desafío de piqueteros

La tregua que el gobierno de Néstor Kirchner vino negociando con los piqueteros, casi en secreto, desde que asumió (en la transacción, intervino una mesa de cuatro ministros), comenzará a quebrarse formalmente hoy. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, presentará en Tribunales una demanda por privación ilegítima de la libertad contra los activistas que bloquearon su sede la madrugada del jueves pasado. Mañana está prevista una reunión para negociar con esos piqueteros denunciados, pero todavía se ignora si se sentarán a la mesa. Durante el fin de semana, el minúsculo grupo consiguió la solidaridad de casi todas las organizaciones de desocupados que presionan por planes sociales.

El historiador marxista Eric Hobsbawm consignó en uno de sus ensayos que ni el liberalismo, ni la izquierda ni el «progresismo» cuentan con una doctrina propia de la represión. El gobierno de Néstor Kirchner acaba de encontrarse con ese problema cuando advirtió que su ministro de Trabajo, Carlos Tomada, había quedado preso en la sede de su cartera después de que un grupo de 200 desocupados distribuidos en 12 agrupaciones, la mayoría de ellas provenientes de Berazategui, en el conurbano bonaerense, alambró las puertas.

El ministro, cuyo apellido es casi una invitación a la acción directa, insistió con que hoy presentará una demanda en tribunales acusando a esos piqueteros por la privación ilegítima de la libertad. Menos no se le puede pedir: Tomada admitió que siguiera la negociación a pesar de que le habían alambrado, literalmente, el edificio de su ministerio. En el resto del gobierno imaginan un estilo de neutralización o represión propio, casi artesanal, con policías negociadores, casi una forma de terapia y contención como la que se lleva adelante con suicidas o con delincuentes que toman rehenes.

Pero los manifestantes del miércoles pasado consiguieron la solidaridad de las demás organizaciones para presentar esa demanda judicial como el comienzo de una escalada represiva, es decir, como un hecho político, no penal.

Mientras comienza a desatarse esta dinámica de confrontación, los colaboradores del ministro Tomada esperan para mañana a las 19 que sesione la mesa de negociación que integran, por el funcionariado, la viceministra Noemí Rial, el jefe de gabinete del Ministerio, Norberto Ciavarino, y el secretario de Empleo, Enrique Deibe. En ese encuentro deberían tratar el inventario de reclamos que acordaron con esos colaboradores de Tomada, que alcanzaron una conquista tan rotunda durante su encierro que tal vez se les vuelva en contra: el petitorio de los piqueteros fue acordado con los funcionarios.

En ese acuerdo se estableció que no habrá más planes Jefas y Jefes de Hogar a repartirse y que, en cambio, se otorgarán beneficios que, se presume, estas organizaciones que protestaron el miércoles gestionaron ante distintas dependencias de la administración central (prestaciones alimentarias, proyectos productivos, etc.).

• Exigencias

La decisión de no entregar más planes sociales será seguramente materia de interpretación. Los piqueteros que encerraron al ministro en la madrugada del jueves, comenzaron su reclamo con una exigencia de 1.000 planes pero a las 16.30 esa suma subió a 3.000 beneficios a pesar de que no llegarían a representar a 500 personas. Claro, la captura de planes sociales no tendría que ver con la asistencia de desocupados a los que se representa sino con la posibilidad de reclutar adherentes a organizaciones piqueteras a partir de esa «chequera». Deibe, el secretario de Empleo, explicó a los manifestantes de la semana pasada que no había más planes para otorgar. Pero los cuatro representantes de los que tomaron el ministerio adujeron que hay vacantes por renuncia o mayoría de edad de algunos hijos de beneficiarios. «Puede ser que haya vacantes pero tenemos que saber si aquellos a los que ustedes quieren beneficiar cuentan con los requisitos necesarios», les dijeron a los cuatro negociadores piqueteros esa madrugada.

El gobierno abrirá, con esta nueva negociación y con la demanda judicial de hoy, una nueva etapa en su relación con estas organizaciones. Es cierto que Kirchner heredó el problema principal de Eduardo Duhalde. El ex presidente resolvió, a partir de las muertes de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en Puente Pueyrredón, acceder a la entrega de planes Jefas y Jefes de Hogar de manera casi ilimitada. El resultado es bastante conocido: se pasó de 400.000 a 2.100.000 beneficiarios y las organizaciones piqueteras se multiplicaron de 5 a 16, hasta ahora.

• Prioridad

Kirchner llegó al poder y puso como una de sus prioridades secretas de gobierno la constitución de un marco de acuerdo con los piqueteros. Cualquier gobernante teme a la capacidad de estos activistas, en condiciones de tomar la calle y obstruir las comunicaciones. Por eso, desde el 25 de mayo, cuatro ministros dedicaron un mar de horas en la Casa de Gobierno a negociar con dirigentes de estas organizaciones. Esos ministros son Tomada, Aníbal Fernández (quien mantiene vinculaciones con los piqueteros desde que era ministro de Trabajo de Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires), el secretario general Oscar Parrilli y, por momentos, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. No es mucho lo que consiguieron estos funcionarios, más allá de que los piqueteros hagan sus marchas con aviso, ocupen más que un carril de la avenida Leandro N. Alem (convertida ya en un «protestódromo») y, pedido especial de Kirchner, que no tomen la Plaza de Mayo. Esta última consigna no siempre se alcanzó: por ejemplo, los obispos católicos no pudieron agasajar al nuevo nuncio Bernardini con una misa en la Catedral porque las inmediaciones habían sido tomadas por manifestantes.

Este ciclo de diálogo es el que llegó a su término el jueves pasado, cuando 4 negociadores -entre ellos una joven de 18 años procedente de Jujuy- tuvieron en vilo a todo el gobierno durante la noche completa. «Son gente nueva, no los conocemos, se trata de desprendimientos de la Corriente Clasista y Combativa y del Partido Obrero, que encontraron su propio negocio con la acción social», explicó un hombre de Kirchner anoche a este diario. A tal punto se sintió jaqueado el gabinete, que Daniel Muñoz, el secretario privado del Presidente, estuvo comunicando a su jefe hasta el alba con los ministros involucrados en el episodio.

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