Néstor Kirchner se reconcilió finalmente con los ganaderos que había considerado «oligarquía vacuna». Criticó la falta de políticas ganaderas para el sector y asumió responsabilidades, aunque en realidad generalizó en que los gobiernos tienen parte de la culpa de que el stock vacuno se mantenga estancado en 55 millones de cabezas. Muchos presumieron ver un punto de inflexión en la relación campogobierno.
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Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural Argentina, entidad que había sido acusada de « golpista», asistía atónito al agradecimiento que se les concedía por la firma del acuerdo de precios. Un poco más lejos, Mario Llambías, de CRA, que estaba menos conforme con el pacto (una de sus asociadas promete una protesta fuerte en Río Cuarto hoy), también escuchaba las palabras presidenciales con sorpresa. Testigos había muchos: Carlos Oliva Funes, presidente del Consorcio de Exportadores ABC, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el secretario de Agricultura, Miguel Campos, que había tenido una participación desdibujada durante la tarde (fue al Senado de la Nación y les dijo a los legisladores que no habría acuerdo de precios hasta después de Semana Santa), Alfredo Coto, los consignatarios que habían sido sospechados de evasores hasta la semana anterior, entre otros.
El Presidente agradeció a los ganaderos que «luego de tantas disidencias podamos encontrar esta coincidencia que beneficia al país», según dicen los empresarios rurales que dijo Néstor Kirchner cuando anoche se presentó para saludar a la cadena de la carne, antes del anuncio oficial del acuerdo de precios.
Los ganaderos olvidaron los sinsabores previos y reconocieron que Kirchner indicó que «quiero que el país produzca» y reconoció que «hubo responsabilidadde los gobierno por no haber hecho políticas que permitan aumentar el stock vacuno».
Kirchner también dijo que «no hay que ideologizar el tema de la carne» en respuesta al más oficialista de los dirigentes rurales presentes. Era Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria Argentina, quien se erigió como vocero de la cadena de ganados y carnes (aunque su entidad apenas reúne a unos pocos chacareros agricultores) y apeló a dejar de lado las «miserias personales» y pretendió realizar un alegato contra la dictadura. «Fue un discurso demagógico que molestó a Kirchner», indicaron los presentes.
Minutos después, Felisa Miceli anunciaba el acuerdo y decía que « normalizado el abastecimiento, y consecuentemente el precio, se fijarán exportaciones con restricciones».
Conformidad
La dirigencia rural, en tanto, se mostró conforme. Hablaron tres de los popes del campo ayer en la conferencia de prensa. «Se intentó un acuerdo que resulte positivo para el mercado interno y para la exportación. Provoca satisfacción si se logra el crecimiento de toda la cadena», decía Fernando Gioino, de Coninagro. En tanto, el titular de la Sociedad Rural Argentina, Luciano Miguens, dijo que el acuerdo firmado «es un punto de partida para que la ganadería empiece a transitar otro camino para aumentar el stock y encontrar nuevos mercados externos».
También volvió a intervenir Buzzi y sostuvo, con ironía, «que no haya firmas tachadas es importante», con relación al anterior fracaso en la firma de un acuerdo con el sector. Detrás de él Campos se reía y Hugo Luis Biolcati, uno de los grandes ganaderos de la Argentina, miraba con furia al dirigente agrario. La reconciliación con Kirchner dará lugar ahora a otra interna, la siempre vigente de las entidades del campo.
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