Redrado: circuló versión poco creíble de renuncia

Economía

Tras la asunción por la mañana de Felisa Miceli, tanto ella como sus nuevos colaboradores y el titular del Banco Central, Martín Redrado, ingresaron al despacho presidencial. Charla informal, de rigor con augurios de prosperidad y felicidad como si ya hubiera llegado el fin de año. Luego cada uno partió para su propio lugar de trabajo, a seguir la rutina.

Sin embargo, media hora más tarde, el mercado empezó a conmoverse (cayeron bonos, acciones y subió el dólar) por la circulación creciente de una versión: Redrado había renunciado al Banco Central y que en su lugar lo reemplazaba el actual director de esa entidad, Luis Corsiglia.

A pesar de lo poco creíble de la especie, la repetición del ronroneo (que llegó a embajadas, almuerzos importantes, inquietud en los bancos) se apoyaba en cuatro teorías:

1) Redrado se había enojado con el Presidente porque éste había rechazado su ascenso a Economía y por lo tanto deseaba un destino en el exterior. Era la embajada en Bruselas para el Comercio Internacional o una sinecura en Suiza para manejar las relaciones financieras internacionales.

2) El desplazamiento obedecía a la intención presidencial de modificar la carta orgánica del BCRA con el propósito de «toquetear» las reservas con vistas al desendeudamiento con el FMI. Obvio, se le atribuía a Redrado una reacción contraria a esta medida.

3) En este caso, la versión de la dimisión se apoyaba en que Redrado se negaba a utilizar reservas para la creación de una suerte de Banade (Banco Nacional de Desarrollo), idea que se le atribuye al ministro de Planificación, Julio De Vido.

4) Gran parte de todas estas especulaciones se decía que provenían de la cercanía de Corsiglia, ansioso por ocupar el cargo.

Por supuesto, hasta el gobierno y los protagonistas llegó el impacto de esta oleada.

Cruzaron llamados telefónicos Redrado y De Vido, formularon varias conjeturas y se discutió si era conveniente emitir un comunicado con respecto a la falsedad de la renuncia. El más sorprendido de todos era Corsiglia, quien de las únicas finanzas en esas horas que parecía ocuparse estaban relacionadas con su campaña electoral para presidir River Plate, acto (será mañana) que no parece esperarlo con la mejor imagen triunfalista.

El propio gobierno, que juraba haber detectado la fuente de la versión, también dudaba en señalar con nombre y apellido a los autores porque ni ellos mismos podían considerar el episodio como una conspiración. Carecía de asidero, en principio, la reforma de la carta orgánica para la utilización de divisas. El problema de los vencimientos con el Fondo Monetario tendrá algún tipo de suspenso recién a finales del año próximo. Aun cuando en ese momento no se haya acordado con el FMI, el propio Kirchner manifestó que resolverá los pagos en esa fecha con la asistencia financiera del gobierno venezolano.

• Acumulación

Por lo tanto algún tipo de problema con las reservas se advertiría entonces, sólo en 2007, fecha para la cual el propio mandatario considera que el país deberá haber acumulado reservas por 34.000 millones de dólares. Para esa fecha, además ni siquiera habría que modificar la carta del Central por el uso de reservas para pagos con el organismo internacional, ya que el propio FMI en uno de sus articulados acepta como posible ese mecanismo (los créditos se los da al BCRA en realidad). En cuanto a la formación de un Banade, proyecto en ciernes pero con el cual existen multitud de dudas por la escasa solvencia como pagadores de los empresarios argentinos, jamás haría falta comprometer un volumen tan importante de reservas para crear ese instituto de crédito. Finalmente, el rumor se sepultaba asimismo con otras dos evidencias: la única orden importante que Kirchner le ha dado a Redrado es la mayor acumulación posible de reservas, no ordenó su liquidación.

En relación a la colocación de títulos a cambio de usar reservas del Central, el gobierno optó por un consejo del mismo Redrado, ya en tiempos de Roberto Lavagna: que el BCRA se convierta en tomador de última instancia y sean otros organismos del Estado (como la ANSeS) con abundante liquidez los que compren bonos, sin afectar reservas de la autoridad monetaria.

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