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El ministro Martín Lousteau fue ayer a almorzar con la dirigencia de la UIA. La crisis internacional
fue parte de la charla.
El jefe del Palacio de Hacienda almorzó ayer en la sede de la central fabril con su titular, Juan Carlos Lascurain, y los dirigentes Federico Nicholson (Ledesma), Adrián Kaufmann Brea (Arcor), José Ignacio de Mendiguren ( indumentaria), Juan Carlos Sacco (gráficos), Roberto Arano (Tucumán), Osvaldo Rial ( UIPBA), Guillermo Moretti (Santa Fe) y Roberto Domenech (COPAL).
Al ministro lo acompañaron los secretarios Fernando Fraguío (Industria) y Hugo Secondini (Finanzas), y los subsecretarios Alejandro Tinivelli (Industria) y Eric Calcagno (Pymes).
Lousteau les dijo a sus contertulios que Secondini y Carlos Weitz, presidente de la Superintendencia de AFJP, estaban trabajando aceleradamente en el tema para poder hacer anuncios oficiales antes de los próximos 90 días.
Después, Lascurain aprovechó el encuentro para recordarle al ministro un tema que toca de manera directa al sector que representa: el metalúrgico. Sucede que a los productores de bienes de capital se les otorga un subsidio (otro más...) en forma de un bono por el que se les reconoce 12% del valor de sus productos, un mecanismo de aliento a la sustitución de importaciones. Ese régimen caduca a fin de año, por lo que Lascurain le pidió al ministro la prórroga.
La situación rápidamente (es un decir: el diálogo sobre este tópico insumió casi 45 minutos) devino doblemente incómoda: por un lado el resto de la mesa no entendía por qué el presidente de la entidad se tomaba buena parte del almuerzo con el ministro para un tema sectorial; por el otro, Lousteau se mostró muy poco permeable al pedido de Lascurain.
Finalmente, el ministro intentó cerrar la cuestión recordando que un estudio de la UBA sobre esos bonos había dado como resultado la objeción de 99% de las operaciones alcanzadas por el régimen, al que -dijo-«le falta transparencia». Lascurain intentó refutarlo diciéndole que muchas de esas objeciones eran «meras formalidades, como la falta de un papel, una coma...», pero Lousteau le retrucó: «Sí, pero en la mayoría de los casos se comprobaron facturas truchas, de empresas inexistentes». Conclusión: no parece tener futuro ese subsidio.
En la última parte de la charla, Lousteau pareció asumir más el rol de economista académico que el de funcionario de un gobierno, y pasó a explicar la crisis internacional. Dijo que -a diferencia de lo que sucedió con el «efecto tequila», en el que se sabía dónde terminaba-«lo grave de esta situación es que es imposible predecir dónde termina». De todos modos, aseguró, una vez más que la Argentina está mejor preparada que otros países para enfrentarla.
En ese sentido, citó el caso de Brasil, que -aseguró- «depende más que nosotros del flujo de fondos». Agregó que tanto los vecinos como China buscarán mercados alternativos al de Estados Unidos en el caso de que caiga el consumo en el mayor mercado del planeta (todo hace suponer que será así). «En esta eventualidad vamos a tener que avanzar en la integración productiva con Brasil y defendernos juntos de la posible avalancha de productos chinos.»




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