Aunque el presidente Néstor Kirchner se haya esmerado ayer en intentar despegar al gobierno del caso Southern Winds, la Justicia puso ya la mira en los organismos de inteligencia y de seguridad estatales. La SIDE, la Secretaría contra la Drogadicción y la propia Aduana tenían información de la aparición de la droga en el aeropuerto de Barajas y no la compartieron con los jueces ni con el nivel más alto del Poder Ejecutivo. Conocían, además, que existían sospechas de que vuelosde Southern Winds eran utilizados para traficar. La DEA y la Interpol habían pasado ese dato. Es sospechoso el "pacto de silencio" de los espías. Por lo tanto, el caso Ezeiza no fue un problema de la Fuerza Aérea. La regla de oro en las fuerzas de seguridad es informar siempre hacia arriba sobre una investigación que es grave: sea secuestro, terrorismo o narcotráfico. Quién frenó la información y por qué el Presidente puede decir hoy que se enteró seis meses después es lo que se pretende establecer. Crece, además, la conjetura de que el caso de las valijas con 60 kilos de cocaína le sirvió a la Aduana para recuperar el control perdido de Ezeiza y liquidar a la Policía Aeronáutica. Por lo pronto, el juez Carlos Liporace avanza en la extradición de dos españoles detenidos en Cádiz por cocaína, que habrían canjeado en España una reducción de pena para revelar cómo se traficaba drogas de Buenos Aires a Madrid.
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Con esta acción, la Justicia extendió la sospecha de una trama de complicidades a la esfera de organismos del Estado que debieron reportar el ilícito y no lo hicieron.
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