20 de febrero 2001 - 00:00

Se desvanecen datos favorables en el exterior para la reactivación

El gobierno está preocupado porque se agota el efecto positivo del blindaje. Fernando de la Rúa citó a José Luis Machinea, alarmado por la encuesta entre empresarios que muestra a 77% de ellos descreídos de que aumente la demanda inter-na. Entretanto, las consultoras son levemente más optimistas que los hombres de negocios y creen que habrá reactivación, sin embargo ya no se animan a decir que superará 2%, muy poco para un país que viene de tan larga recesión. En el exterior comenzaron a disiparse las buenas señales para la economía argentina. Brasil sigue devaluando y el dólar está en su nivel más alto en dos años. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O'Neill, ratificó que quiere un dólar fuerte, lo que equivale a un peso argentino sobrevaluado. El euro sigue muy débil y perdió lo que ganó en los últimos meses, afectando las exportaciones argentinas. El riesgo-país sigue alto y se encarecen notablemente los créditos, desalentando las inversiones. Todo un problema para De la Rúa.

Vienen días preocupantes para la Argentina y José Luis Machinea no parece tan seguro de sí mismo como antes. La reactivación no llegó y el escenario internacional comienza a tornarse tan negativo como lo era en setiembre.

La Argentina había comenzado a superar la recesión gracias a méritos que vinieron del exterior, más que a logros del ministro de Economía.

La dos bajas de las tasas de interés en Estados Unidos, el fortalecimiento del euro, la caída de los precios del petróleo y la mejora de los precios inter-nacionales de algunos commoditties, unidos al blindaje que otorgó el FMI, le hicieron creer al presidente Fernando de la Rúa que venían tiempos mejores.

En su afán mediático, el gobierno presentó el auxilio inter-nacional como un logro, cuando en realidad era una asistencia extraordinaria a un país que estaba al borde de la cesación de pagos.

Pero esa línea interna del gobierno que tiene como Teorema aquel que tiene la hipótesis de que para que la economía del país se reactive, además de buenas medidas económicas necesita buenos títulos en los medios. Por eso el blindaje se publicitó como un logro, como si el equipo económico hubiera hecho lo que hizo para llegar al «default» y ser rescatado.

Esto se presentó como si la Argentina hubiera alcanzado el grado de inversión (investment grade) que habilita a fondos comunes de inversión de países serios o a fondos de pensión a invertir tranquilamente en él y prestarle a tasas más bajas.

Pero el mercado le envió pequeñas señales en contra que fueron sistemáticamente desoídas y, la más de las veces, tomadas como datos favorables. Por ejemplo, el canje de deuda a tasas de 11,75% a cinco años y 12,375% a 11 años, cuando los tipos de interés en Estados Unidos habían bajado un punto, fue festejado y quienes osaron criticar la operación total-mente descalificados ¿Es negocio cambiar deuda más barata por otra a 5 y 11 años bastante más cara? Se supone que un país que se saca $ 3.600 millones de vencimientos a corto plazo, gana en confianza. Pero si se observa detenidamente lo que se obtuvo en las licitaciones, se verá que la mitad de lo aceptado era lo que realmente vencía entre este año y el próximo, el resto vencía después de 2004.

Es decir ahora el gobierno necesita tomar poco más de $ 20 mil millones entre este año y el próximo para pagar su deuda. En la cifra se incluye el déficit fiscal previsto este año que, obviamente, necesitará de financiamiento.

Obsérvese que el mal negocio del gobierno es el éxito del inversor. Este le presta a rendimientos de casi 1% mensual en dólares, a un país que tiene un colchón de $ 40 mil millones proveniente del blindaje, que equivalen a una excepcional garantía.

Esto es como pagar tasas exorbitantes dejando como garantía una hipoteca de primer nivel, cuando en el mercado ese tipo de operatoria es la de tasa más baja.

Si la estrategia era demostrar que la Argentina no necesitaba del blindaje para despertar la confianza de los consumidores, hasta el momento fue un plan equivocado. El consumo interno apenas ha reaccionado, los préstamos personales e hipotecarios no se han expandido y las tasas al sector privado siguen sin bajar. Las únicas tasas que bajaron fueron las de los ahorristas.

Pero mientras la Argentina canjeaba su deuda, el mundo seguía moviéndose y no para bien. Obsérvese cómo cambiaron desfavorablemente las condiciones externas que tenían que acompañar la reactivación:

* El dólar en Brasil sigue en el escalón más alto de los últimos dos años: 2,04 reales que implican una devaluación superior a 3% en lo que de 2001. La tendencia es preocupante para la Argentina ya que le quita rentabilidad en su principal mercado y la expone a la invasión de productos brasileños. También hace más atractivo a Brasil para los inversores. Ayer hubo pocas operaciones en el mercado de cambios, por el feriado de Estados Unidos.

* El euro sigue cerca del mínimo lo que también va contra las exportaciones argentinas que están atadas al valor del dólar. La recuperación de la moneda única se terminó y el jueves el euro se pagaba cerca de 90 centavos de dólar, un nivel parecido al de octubre del año pasado cuando los bancos centrales de los países más desarrollados salieron a sostenerlo.

* Ayer el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O'Neill volvió a decir que su país está a favor de un dólar fuerte, lo que implica que la moneda argentina seguirá sobrevaluada.

* Los precios del petróleo que ayudaron a las exportaciones argentinas están en retroceso.

* Turquía que fue el país que precipitó la caída de crédito para los emergentes, volvió a soportar corrida cambiaria y bancaria, lo que puede repercutir sobre el riesgo-país de la Argentina.

* Resulta muy difícil para la Argentina bajar su riesgo-país porque sus índices de crecimiento previstos para este año no entusiasman a los inversores. La Argentina, por lo tanto, seguirá endeudándose a tasas altas. El mercado por ahora cree que los títulos argentinos están en su techo.

* Si las tasas externas siguen en ese nivel y el país paga 1% mensual por su deuda, la inversión en la Argentina es algo lejano porque tiene que luchar contra el formidable rendimiento que da prestarle al Estado.

Como se ve, el escenario se ha vuelto tan desfavorable como hace unos meses. El país, entretanto, creyéndose seguro con el blindaje, volvió a mostrar el rostro más temido por los inversores: las desinteligencias en la Alianza. El caso de Pedro Pou tuvo un impacto comparable al de la renuncia de Carlos Alvarez.

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