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El análisis de los técnicos del Fondo dirá -como efectivamente sucederá- que se cumplieron las metas fiscales y monetarias para esta segunda revisión. También dirá que la Argentina, entonces, puede elevar de 3% a 4 % o más su PBI, lo que destina al pago de acreedores, incluyendo los bonistas privados. Si la Argentina lo acepta -aunque fuera 3,8%- e inicia diálogo serio con acreedores privados (lo que implica bajar la quita de 75% que en la realidad es de 92% y adoptar el sistema deuda permanente y sólo pago de intereses u otra variante), cesaría la alarma. Si la Argentina no lo hace, se ve difícil que una vez más se le permita postergar las exigencias. El clima mundial es muy adverso al gobierno Kirchner por «no negociar de buena fe», por el nivel de quita que propone, por crear registros para anotar a los acreedores del mundo y, sobre todo, por «la retórica», o sea, las declaraciones despiadadas y despectivas de funcionarios y del propio Néstor Kirchner hacia los tenedores de títulos defaulteados.
Ya la primera revisión se aprobó en el directorio del Fondo con la oposición de 63 países, tres de ellos poderosos, del G-7, los más ricos del mundo. Estados Unidos pesa allí con más de 17% de los votos, Francia (sus empresas en la Argentina tienen graves incumplimientos reales desde la adjudicación de licitaciones) no puede sumarse a los que protestan, Alemania tampoco (presionada por Siemens que quiere cobrar el tema de los DNI), y pocas naciones más -aunque con potencial alto de decisión en ese directorio- sostienen, junto con los solidarios latinoamericanos, a la Argentina en el Fondo. Pero ni George Bush puede sobrellevar bien la presión en contra de la Argentina.
Frente a esto, los analistas que operan en mercados han comenzado a comentar cada día con más insistencia la posibilidad de que Néstor Kirchner abandone la presidencia y se retire al llano con el capital político de no haber cedido ante el Fondo Monetario, ni ante los acreedores privados, luego de haber adelantado sueldos y pagado aguinaldos en diciembre hasta a los piqueteros. Se analiza que podría volver a la candidatura presidencial en 2007. En definitiva ésa era la fecha que había calculado para sus planes y su propio movimiento del cual esperaba una magra cosecha de votos en la elección de abril pasado. Era así hasta que lo sorprendió la designación de Eduardo Duhalde tras eliminar la interna justicialista donde Kirchner no se hubiera ni siquiera presentado porque no creía ganar.
La última frase del Presidente en Entre Ríos dejó más la impresión de que no va a pagar el 9 de marzo, va a dejar caer a la Argentina en default con los organismos multilaterales, repartirá con golpes de efecto 300 millones de dólares extras que le dejó la recaudación de enero sobre el superávit previsto y podría entonces renunciar. Calcularía que les alcanza con su caudal de votos para él a Presidente más Cristina Kirchner lanzándose en la Capital Federal o en la provincia de Buenos Aires, porque algo que se observa es que con lo ganado en imagen en 10 meses con un default incluido, en marzo 2007 los Kirchner no necesitarían nunca más de Eduardo Duhalde y los caudillos bonaerenses a los que desprecian.
En Entre Rios dijo el Presidente en un acto político:
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