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3 de enero 2002 - 00:00

Se quiere dar señales positivas al Mercosur

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No es un secreto que los países de la UE (especialmente España) recibieron con recelo el mensaje triunfalista de Adolfo Rodríguez Saá sobre el no pago de la deuda externa. Aquel fatídico 20 de diciembre, el peor de los días del desborde social que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa, el gobernador fue citado por varios embajadores de la UE para tantear la suerte de los intereses de las empresas madre. En el cónclave -ofició de anfitrión Paul Dijoud, embajador de Francia-el entonces gobernador y ahora canciller aseguró que se respetarían patrimonios y certidumbre econó-mica.



Marcos Azambuja, ex embajador de Brasil en Buenos Aires entre 1993 y 1996, solía decir que «la Argentina es el único país importante para el cual Brasil es importante» y Ruckauf la recita a modo de eje programático para su gestión. Las dificultades económicas que enfrentó Brasil a comienzos de 1999 y las que ahora afronta la Argentina refuerzan la política que quiere llevar adelante el canciller, la de «bigamia consentida». Es decir, cultivar tanto a Brasil como a Europa y EE.UU. Los problemas que tuvo Brasil, entonces, ocasionaron un incremento del riesgo-país argentino. La Argentina sufrió este efecto más que los restantes países de América latina. España, que tiene importantes inversiones en el país -25% de las colocaciones españolas en Iberoamérica están radicadas en la Argentina-, sigue con atención las dificultades que, si bien pueden afectar a deter-minadas empresas, no ponen en riesgo la economía española y tampoco la de Francia, Gran Bretaña, etc., que también apostaron al país. La crisis de Brasil tuvo igual evolución: no puso en riesgo real a las economías de los países desarrollados ni tampoco llegó a constituir un riesgo real para todos los emergentes.

Para la administración norteamericana, la crisis no es un dato. Sólo interesa un tema: la estabilidad (política y econó-mica). El acercamiento con EE.UU. se hará por la vía formal del embajador James Walsh, con quien Ruckauf parece tener más que una relación de funcionario. El canciller maneja información privilegiada desde su gestión en la gobernación de Buenos Aires. Sobre todo un paper de factura norteamericana acerca de los escenarios para la región. Dice que, luego del 11 de setiembre, EE.UU. es consciente de que cada lugar en el plane-ta donde no haya estabilidad es un espacio propicio para la germinación de grupos terroristas, que pueden amenazar la integridad de la región.

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