Ahora falta que el NASDAQ trepe 2,62%, superando la línea de los 2K, y nada parece capaz de enturbiar el cielo alcista de aquí a la Navidad, e incluso, mucho más allá. Si bien el mercado arrancó la última rueda con un ligero retroceso y los papeles tecnológicos no pudieron recuperarse hasta la última hora de operaciones, el Dow fue ganando terreno lentamente a lo largo de toda la sesión, para cerrar por segunda vez consecutiva por encima de los 10.000 puntos. Es cierto que nada asegura que hoy o mañana el promedio industrial no vuelva a la zona de cuatro dígitos, ya que el viernes apenas ganó 0,34% para quedar en 10.042,16 puntos. Basta recordar la impresionante celebración que hubo en 1999 en el NYSE, cuando las blue chips superaron por primera vez esta marca, para darse cuenta de que los ánimos no son "exultantes". Más que las siempre inciertas realidades del mercado o la psicología de los inversores, entonces, lo que puede hoy dar un impulso adicional al optimismo de los inversores viene de otro lado. Ocho meses después de la publicitada destrucción de la estatua de Saddam Hussein, el segundo hombre más buscado del mundo cayó en manos de las tropas norteamericanas. Si bien esto tiene más que ver con los u$s 25 millones que se pagaban por cualquier información que llevara a su detención que con el poder de la "inteligencia" y nadie realmente cree que a partir del sábado se detenga la resistencia guerrillera en Irak, más a los iraquíes, esto les devuelve la confianza en sus instituciones y en su presidente a los inversores norteamericanos. Esperemos que se aproveche y que dure más allá de la Navidad.
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