John B. Taylor no viajó de urgencia y se quedó 48 horas en la Argentina para dar sólo apoyo moral al gobierno. La visita del subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales es porque la crisis argentina atrapó definitivamente la atención de los Estados Unidos. Atrás de Taylor se prepara un refuerzo del blindaje de u$s 6.000 millones (llegarían a ser entre 8 mil y 10 mil millones de dólares si se le suman desembolsos ya comprometidos que incluirían dine-ro del Banco Mundial). Pero para eso el país tendría que cumplir con el consejo que le dio Taylor a Domingo Cavallo: la recaudación debe aumentar para que haya líneas adicionales de crédito. Desde el sábado, el ministro de Economía trabaja en ideas para que la recaudación de agosto sea alentadora.
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Después de la visita de Taylor quedó una pregunta: ¿por qué ahora es Estados Unidos y no el Fondo Monetario Internacional quien monitorea el plan de la Argentina? La respuesta es que la interna entre Estados Unidos y el FMI continúa. Sus relaciones no son cordiales. Hay heridas abiertas que vienen desde 1997 cuando estallaron las crisis de Rusia y del sudeste asiático y el gobierno de Bill Clinton acusó al FMI de no prevenir la crisis y de acudir con cada vez más dinero a apagar los incendios.
En represalia, al año siguiente el Congreso de Estados Unidos demoró el pago de las cuotas al FMI, poniéndolo en una difícil situación de liquidez. Se instaló un debate entre economistas: ¿sirve este FMI? Se lanzaron propuestas para cambiarlo. Se imaginó un organismo restringido a auxiliar solamente a los más pobres. George Soros llegó a proponer en Davos crear un FMI paralelo. La diplomacia de Michel Camdessus al frente del organismo evitó que el debate pasara a mayores, pero no pudo evitar el deterioro de la imagen del organismo.
La disputa le dejó a Estados Unidos mayor poder sobre el FMI. De la misma manera que el presidente del Banco Mun-dial debe ser un norteamericano, el FMI debe estar presidido por un europeo.
Jamás los europeos intentarían vetar un candidato propuesto por Estados Unidos al Banco Mundial, como lo hizo Estados Unidos el año pasado con el sucesor de Michel Camdessus. Si Horst Köhler es hoy el director-gerente del FMI es porque quedó en el camino otro candidato, Caio Koch-Weser (también alemán) que el gobierno de Clinton rechazó (cuestionaron su eficiencia como administrador) y porque fracasó el intento de que el norteamericano Stanley Fi-scher, número 2 en aquel momento del FMI, se quedara con la titularidad.
• Monitoreo
Hoy son los republicanos quienes le piden al FMI que ayude a la Argentina, que le adelante reembolsos y que apoye con más dinero el plan de déficit cero. El FMI le dijo que sí, pero que Estados Unidos avale con su voto la propuesta para evitar ser únicos responsables de este auxilio extraordinario.
El resultado fue que Taylor vino a la Argentina y ha desarrollado el papel de cualquier misión del FMI. Vio números, estudió carpetas, se reunió con funcionarios, banqueros y empresarios; igual que lo hacía Teresa Ter Minassian cuando venía a ver si se cumplieron las metas. Al final de la visita, Taylor dijo lo mismo que hubiera dicho cualquier Ter Minassian: quiere ver que al menos durante tres meses la Argentina cumpla con el plan de déficit cero. Si lo hace habrá más fondos y ayuda adicional del Grupo de los 7 países más desarrollados del mundo (G-7). En total se habla de entre 8 mil y 10 mil millones de dólares, cifra que calmaría las presiones sobre los títulos públicos argentinos en lo que queda de este año y casi todo 2002.
Los fondos que puede comprometer el G-7 no son préstamos directos, sino una segunda línea que se utilizaría si los recursos que aporta el FMI son rebalsados. En realidad, sería un aval o préstamo virtual.
Estados Unidos tiene 17% de los votos del FMI, casi el triple de sus inmediatos seguidores, Alemania y Japón, que tienen 6% de los votos cada uno. Es un impresionante poder de fuego.
Los mercados seguramente tomarán nota y se puede decir que esta semana que comienza tiene a la Argentina en mejores condiciones de frenar los ataques especulativos que se desataron. Ahora no sólo deberán apostar contra las reservas del Tesoro argentino, sino contra el adelanto de fondos del FMI y un plan de préstamos más amplio que tomará algunos meses en concretarse.
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