Puede resultar burda -para quienes sólo se rinden ante las estadísticas-, pero esta breve recorrida indica el fenómeno menos querido por el gobierno: el enfriamiento de la economía. Se suma, claro, a datos más relevantes ya brindados por la Unión Industrial Argentina. A saber:
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Ya no hay esperas para comprar un cero kilómetro, lo que era inusual hace un par de meses.
Las ventas vienen raras, como no ocurría desde hace 5 años. Así habla el responsable de una cadena de supermercados. Hay semanas en que se mantiene la demanda, otras en que se vende poco, explica. Y señala: antes crecíamos en el interior, ahora no.
Imposible era conseguir espacio en una cochera céntrica: ahora el trámite es más sencillo.
Había restoranes en los que era necesario reservar con bastante anticipación: hoy, esos mismos restoranes están «al día». Otros, en cambio, con fuertes mermas.
Las cadenas de hamburguesas venden lo mismo en Zona Norte, pero en barrios menos favorecidos la facturación cayó 15%.
También bajó la demanda en hoteles de 3 y 4 estrellas, cuya clientela se constituía con gente del interior.
Las compañías aéreas redujeron frecuencias de vuelos al exterior; algunas caídas son inquietantes.
Se conserva firme la venta de electrodomésticos. La razón: el pago en cuotas fijas (la gente cree que finalmente le ganará a la inflación). Igual, son pobres las expectativas de los negocios, aun sabiendo que los precios de esos productos vienen en descenso. . Es fuerte, en cambio, la caída en las boutiques de ropa femenina (con aumentos de precios de 30%). Se factura menos y «junio pinta como el peor mes del año -confesaba un fabricante-: antes colocaba 7 mil pesos por día, ahora apenas mil».
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