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3 de junio 2005 - 00:00

Sociedad agitada

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Son varios los motivos, algunos de los cuales escapan al laboratorio de los economistas y funcionarios. Esta continuidad de actos de agitación laboral tiene la característica de que sobrepasa a los sindicalistas que nunca arriesgan tanto frente al poder que gobierna; ellos no anteponen la medida de fuerza al diálogo previo como ahora sucede en casi todos los casos. Finalmente, se destaca que los conflictos surgen de espontáneos y no de ideologizados. Que haya sucedido esto último en el Hospital Garrahan por accionar trotskista es una excepción, no la regla del momento. Se han dado casos donde la izquierda trató de copar protestas, como en su metodología habitual, y fue duramente rechazada.

Difícil es saber cuál es la causa principal de tanta conflictividad que alarma al gobierno, pero indudablemente deben de ser varias:

• Las clases medias y bajas han comenzado a cansarse del luto de austeridad que impuso al país la crisis de diciembre de 2001. Anuncios de que el gobierno aspira a tener 24.000 millones de dólares de reservas antes de fin de año -debería acumularlas sin alarde- hacen sentir a la gente que es a costa de sus ingresos. Técnicamente en parte tiene razón.

• Se ve demasiado juego político, demasiada pelea por cargos, por alianzas con vistas a las elecciones del 23 de octubre próximo.

• Una política de salario real deprimido por mantener un dólar artificialmente alto que a la larga repercute en la sociedad, aunque se lo disimule como «alentar la industria nacional». Uno de los grandes beneficiarios del dólar alto, porque exporta y cobra en esa divisa, fue Techint. Sin embargo a la hora de invertir no vuelca el beneficio en el país sino que fue a comprar una siderúrgica en México por 2.000 millones de dólares. Con la mitad de esa cifra hubiera incursionado en la industria del cemento comprándole Loma Negra a Amalita Fortabat y seguiría siendo empresa de capital nacional, no traspasada a dinero brasileño para que la Casa Rosada luego se queje.

• Presionan hacia estos conflictos los fenómenos familiares que rara vez interpretan los funcionarios ni los economistas. Ya los mencionó este diario: en 3 años y medio de salarios menguados suceden muchas cosas en los hogares argentinos. Se avejentó el auto, la heladera, un chico pasó al Polimodal y otro a la universidad con más gastos, la casa se deteriora, los artefactos hogareños también, el ansiado casal de nena y nene en 3 años pasaron a ser grandes y necesitan en la casa dormitorios separados. Hay muchos más ejemplos.

• Hay secuelas ni supuestas cuando ocurrían dentro de un clima de ceguera extendida. El activismo piquetero, aunque a las clases medias no les guste, dejó la sensación de que la fuerza procura cosas. D'Elía ni procesado a pesar de que tomó una comisaría difundió la idea de una nueva impunidad. El gobierno despreció demasiado a las empresas, a los militares, a los opositores, a la prensa y difundió la idea de que también hay nuevos desacatos que pueden ser asimilados por la sociedad, como un paro en la Casa Cuna.

• El progresismo criollo es visto como que dejó de ser lírico, que perdió la modestia de ser opositor abnegado y austero para sumarse a ocupar cargos públicos sin antecedentes demostrables, sin llamados a concurso.

• Las empresas sienten que las ocupaciones y paralizaciones de plantas no serán normalizadas por jueces, ni por un ministro de Trabajo como Carlos Tomada, ni condenadas por el Poder oficial, del cual se piensa que nunca asumirá costos políticos. Además ven las empresas que esa desprotección se suma a que la Justicia laboral permanentemente las castiga en los juicios, haya o no razones y pruebas.

• En el mismo gobierno se habla -y desde allí se irradia- que «la década del '90 fue para las empresas y ahora les toca a Uds.». El progresismo de base lo dispersa porque -aunque ahora milita en la burguesía de cargos públicos- sigue teniendo la simpatía antiempresaria y antinorteamericana.

• El latrocinio tradicional de los sindicatos locales tampoco les dio autoridad moral para calmar a los espontáneos de base.

• Se supone que frente a un gobierno obsesionado por ganar la elección de octubre próximo es el momento de actos de fuerza para extraerle ventajas.

Como se ve, hay muchas razones para esta creciente y ya alarmante conflictividad. Habrá que entender el momento porque repercutirá sobre la economía y sobre los aspectos sociales, inclusive en detrimento de los que ahora se alegran con los altos aumentos que gestionan.

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