Chile sigue seduciendo a inversores: ayer, la calificadora de riesgo Standard & Poor's volvió a mejorarle la nota (de "A-" a "A"), y, de esta manera, se ubica muy cerca de los valores de países desarrollados. Ahora, la economía chilena está en el sexto escalón de los 23 con que se califica a cada país. De más está decir el nivel que ocupa la Argentina, ya cumplidos dos años desde la declaración del default.
Las causas de este fenómeno en Chile son simples, aunque resulten una quimera aquí: respeto a las instituciones y a los derechos de propiedad, y el equilibrio fiscal permanente. Sólo una cosa le preocupa a Standard & Poor's de Chile. Es el hecho de que se trate de una economía relativamente pequeña y que es vulnerable a los vaivenes de los términos de intercambio (precio de sus exportaciones). Lo cierto es que, año tras año, en Chile se introducen reformas y se preocupan en solucionar problemas estructurales sin importar el costo político que generen. Así, ya avanzaronsobre el mercado laboral, el sistema de jubilaciones, incentivos impositivos, independencia del Banco Central, solidez de bancos. Una pena que no haya contagio de esto sobre la Argentina.
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La noticia es una confirmación de los pasos exitosos que viene dando el país trasandino. La agencia indicó que esta alza refleja el prudente manejo de la economía chilena, que ha llevado al país a modernizar sus instituciones públicas y fortalecer su estructura financiera. La mejora en la clasificación obviamente fue aplaudida por el gobierno de Santiago, que destacó el hecho de que el riesgo de Chile se ubica cada vez más cerca de los países industrializados.
Cabe recordar que para las calificadoras de riesgo la Argentina desde fines de 2001 estaba ubicada en un default técnico. Ya cuando efectuaba el canje de deuda, en diciembre de ese año, por parte del entonces ministro Domingo Cavallo, Standard and Poor's había colocado al país en esa categoría. De ahora en adelante, que la Argentina retorne a una calificación fuera de la del default dependerá del porcentaje de aceptación que se logre en la oferta que se haga a los acreedores.
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