Los supermercados acudieron ayer a toda una serie de artilugios para disimular el espacio que ocupaban en las góndolas los ahora faltantes productos alimenticios básicos. Bastó con ingresar a cualquier centro comercial grande o chico para notar ausencias pesadas y ver trucos «marketineros» no muy inteligentes.
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Por caso, en varios negocios -especialmente en las grandes bocas- se pudo comprobar la novedosa presencia del cartel explicativo «góndola en reparación» que lució sin culpas sobre estanterías presuntamente en mal estado. Pero ningún cliente lo creyó. Otra táctica, además de los cartelones, fue el intrépido «rellenado» o «disfrazado» de espacios desiertos con productos más baratos. Así sucedió en varios supermercados del centro porte-ño, donde no había papel higiénico pero en su lugar abundaban las botellas de vinagre.
También los consumidores vieron cambios profundos en los sectores del supermercado. Por ejemplo, la panadería se cambió por la rotisería y donde estaban los artículos de limpieza ayer funcionó la carnicería. Y todavía queda la más vergonzante de las opciones de «tapado»: cajas vacías marrones que se caían todo el tiempo al piso empujadas por el codo de algún cliente distraído.
«El tema es que con todos estos cambios, se ocultaron aumentos en los precios. Uno buscaba una lata de lentejas, pero en su lugar encontraba la carnicería. Cuando por fin accedía al producto, estaba remarcado», denunció Haydee Bianchi de Peralta, de la Liga de Amas de Casa.
• Diferencias
No es ilógico pensar en la bronca de los clientes cuando un kilo de zanahoria se vendió ayer en el Mercado Central a $ 0,16 y en los comercios a $ 0,69. Ocurrió lo mismo con la cebolla, que se vendió en el Central $ 0,21 el kilo y en los demás comercios a 200% más a $ 0,60.
«Hay aumentos que no se justifican. Lo que pasa ahora es que los precios se están ajustando a la cotización del dólar y se van a estabilizar, incluso hoy (por ayer) se fijó una claridad en la cotización», opinó el vicepresidente de la Coordina-dora de Actividades Mercantiles Empresarias (CAME), Vicente Lourenzo. El problema es que los comerciantes se estarían, aparentemente, cubriendo por los próximos costos de reposición. «El aceite de maíz de 5 litros pasó de valer $ 7,64 a $ 10,32 más IVA, es decir, aumentó 26%. El almacenero que vendió ese aceite a $ 9,50 perdió a la hora de reponerlo», dijo Lourenzo.
Igualmente, no todas las diferencias de precios entre lo que vendió el Central y los retailers y supermercadisras se justifican. Quizá con estas variaciones están «tapando», como ocurrió con las góndolas, otras especulaciones o intereses.
• Injustificado
«Hay subas injustificadas, como por ejemplo la de los limones o el atún», dijo Bianchi de Peralta. Según la presidenta de Acción del Consumidor (ADELCO), Ana María Luro, «los precios que suben están incentivados por los precios internacionales gene-ralmente de productos que se exportan, por eso hay faltantes de artículos que tienen cereales, de carnes por la apertura del mercado europeo o del papel».
Además, faltó harina, lácteos, tapas para empanadas y las ofertas no se remitieron justamente a los productos alimenticios. Entre los aumentos del día, se lució el pollo, cuyo kilogramo se comercializó a $ 2,85 cuando en enero sólo costaba $ 1,5. «Estoy haciendo cuentas que me aterran, por ejemplo, el aumento de la gelatina diet de $ 0,75 a $ 1,3», confesó una abuela al salir de un almacén. A pesar del compromiso de los super-mercadistas con el gobierno de no aumentar los precios al menos por 10 días, las expectativas no son muy alentadoras. Lamentablemente la comida seguirá atada a la cotización del dólar, sea cual fuere.
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