En el caso del Fondo Monetario, la situación no difiere demasiado: en enero también vencen cerca de u$s 2.000 millones y, por lo tanto, la Argentina acumulará el tercer organismo con el que entra en default. Precisamente este vencimiento es el determinante, por su elevado monto, en la decisión reciente del ministro Lavagna de no pago al resto de los organismos y la no utilización de las reservas internacionales del Banco Central a ese fin.
Para el BID, el impacto del default de la Argentina es mayor: el país detenta 8.600 millones de dólares de créditos, lo que representa 20% del total de la cartera del organismo. Comparado con el patrimonio del BID, el default de la Argentina se consume 65% del mismo. Cabe recordar que tanto el BID como el Banco Mundial -no el FMI-obtienen recursos para sus préstamos no sólo de los aportes de los países miembros, sino también de dinero que obtienen emitiendo bonos en los mercados internacionales.
Lo que por primera vez se daría también es que esos dos organismos deben conceder una quita en el total de la deuda que mantienen con la Argentina ante la insolvencia en que entró el país y paralelamente los nuevos bonos que se siguen emitiendo bajo la gestión de Duhalde. Son casi u$s 20.000 millones los que mantiene el país de deuda con esos dos organismos, que es poco menos de la mitad de los bonos que se tienen que renegociar con inversores extranjeros a los que ya se les haría una quita de capital no menor a 70%. Incluso en las últimas semanas hubo reclamos de ahorristas europeos con juicios ganados por la decisión del gobierno de seguir pagando deudas con organismos, cuando al resto de los tenedores de bonos se está en cesación de pagos, y promete quita sustancial de capital.
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