Periodista: Hace exactamente un año, cuando el mundo se encerraba en la cuarentena más extrema, Wall Street estrenaba un nuevo mercado bull. Subir así parecía el capricho desatinado de un loco. En abril 2020, EE.UU. destruyó 20,5 millones de trabajo netos y las acciones treparon 30%. La Bolsa anticipa, suele decirse. Nobleza obliga: esta vez acertó un pleno.
Gordon Gekko: El S&P500, los últimos doce meses, escaló 76%. Hay que remontarse a 1936 para encontrar un desempeño mejor. Parafraseando al Barón Roschild, había que comprar con el virus corriendo por las calles.
P.: ¿Y qué hacer ahora que la vacuna amenaza expulsarlo pero todavía el covid se arregla para forzar cierres y toques de queda? Europa se retrasó con los planes de vacunación y está pagando el precio.
G.G.: En Alemania, el Bundesbank ya mandó a pérdida sus estimaciones de crecimiento del primer trimestre. Será peor que el último de 2020 (que había sido malo) porque la tercera ola del covid es más dañina que la segunda, y hubo que aumentar el celo sanitario. Técnicamente, la eurozona tendrá una recaída en recesión por su culpa.
P.: Pero eso no está metido en las cotizaciones. El mundo tiene la mente puesta en un futuro de franca recuperación en ve corta, y sin enfermedad. ¿Será que de tanto mirar hacia delante nos podemos caer en el “pozo” que todavía no se arregló de la realidad actual?
G.G.: Es posible, pero poco probable. El estímulo de los EE.UU. va a derramar por la vía del comercio, y fuera de los EE.UU. no se va a suprimir, las vacunas tarde o temprano van a llegar a una geografía más vasta, las aplicaciones crecen más de prisa que los contagios. Europa puede sufrir un traspié pero será más fácil salir de mano de la vacunación y las reaperturas cuando merme el oleaje que quedar atrapado allí.
P.: ¿Y qué me dice de la suba de las tasas largas en EE.UU.? Ya vemos señales de “crowding out”. Rusia, Brasil, Turquía tuvieron que izar sus tasas de corto plazo. La pujanza del estímulo trae sus bemoles. Los obligó a pisar el freno so pena de perder las riendas de la estabilidad interna.
G.G.: El estímulo y el shock favorable de la vacunación son los efectos de primer orden. Son positivos, fuera de toda discusión. Y los mercados los ponderan correctamente. Pero la historia no acaba acá. Estados Unidos tendrá más crecimiento, más inflación y la Fed lo aceptará de brazos cruzados. Es lógico pues que las tasas largas se empinen.
P.: Conjuga con todo lo anterior. Pero las consecuencias derraman fuera de EE.UU. y pueden pegar más duro en terceros países que adentro.
G.G.: Ya lo habíamos anticipado. Y ahora empezamos a verlo. Nada dramático todavía, salvo Turquía.
P.: ¿Cree que enciende una luz de alerta?
G.G.: Es muy idiosincrático. Sabemos que al presidente Erdogan no le agrada que le aumenten las tasas. Es el tercer banquero central que tira por la ventana. Por eso no hubo contagio, pero es un aviso de que EE.UU. acelera y mete a todo el mundo en una transición que es “terra incógnita”, que también puede ser una coctelera.
P.: Las tasas de diez años se elevaron a 1,75% y ahí se calmaron. No hay garantía, sin embargo, de que no vayan a buscar niveles más altos. El BCE ya acrecentó las compras de bonos. El Banco de Japón manifestó que su prioridad es mantener baja toda la curva mientras dure la enfermedad. La Fed no dijo nada, no hizo nada, las deja correr. ¿No se dio cuenta? ¿No le importa? ¿Le viene bien?
G.G.: En el ínterin, los futuros de petróleo se desplomaron 14% desde sus máximos recientes. Los commodities pasaron de relamerse por un “superciclo” inevitable a una marcha atrás importante. Los primeros en acusar el golpe fueron el oro y los metales preciosos. El dólar débil, que era la firma de la Administración Biden, se fortaleció sin pedir permiso. ¿Qué logró la Fed? Descremar una nominalidad que tiende con facilidad, ella sola, a la euforia. Y ahora que le inyectamos un estímulo de magnitud nunca visto viene bien. ¿Qué resultados tendrá la política económica si el barril de crudo se dispara a 100 dólares o más, y la energía se convierte en un cuello de botella? El Brent tocó 70 dólares y en un abrir y cerrar de ojos bajó 10. Ya la gente comenzó a gastar sus cheques, la economía se pondrá al rojo vivo, la inflación va a subir. Pero no hay mejor manera de señalar que será un fenómeno temporario que mostrar que los precios que hoy se elevan, mañana también pueden bajar. Es el módico servicio que presta este berrinche por adelantado de los bonos del Tesoro.
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