Culmina la cumbre en Tokio con una sensación de desencanto respecto a la adopción de medidas serias y concretas respecto de la crisis global. Lo más relevante pasó por la ausencia de China de las reuniones y en la propia asamblea de gobernadores, un hecho inédito dada la relevancia del país ausente. Por un conflicto con Japón sobre islas en disputa, el gobierno chino efectuó una suerte de boicot al ágape. Así es que sin la voz de una de las potencias económicas del planeta, poco podía avanzarse.
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Y ello se suma a las tensiones que florecen por la falta de resolución de la crisis de la eurozona. Christine Lagarde, la directora gerente del FMI en su discurso de cierre, remarcó la necesidad de reducir los endeudamientos de los países desarrollados. Más que Christine, parecía Cristina. Envió un mensaje directo a varios países, entre ellos Alemania, para que aceleren la puesta en marcha de medidas para resolver la crisis. Repitió que el sistema financiero internacional no esta más seguro que en la época pre Lehman. Mensaje para España, quizás. El poder de decisiones está girando en el FMI. La gran novedad es que Los BRIC, Brasil, China India y Rusia estarán entre los 10 principales accionistas del FMI. Una buena noticia para la Argentina, que enfrenta presiones fuertes de los miembros de la eurozona y también de Estados Unidos, todos fatigados por las medidas adoptadas desde la cesación de pagos del 2001.
Da la sensación que los países que hace 15 años recibían paquetes de ayuda, ahora están mostrando enseñanzas a los desarrollados. Los emergentes se mueven ahora como un bloque en el marco de las reuniones del G24, foro que aglutina a las naciones desarrolladas.
Quizás por las tensiones arriba mencionadas es que Lagarde le dio un espacio importante en su discurso a la cooperación. Las decisiones en el FMI y Banco Mundial se toman en función de métodos o estudios de la economía del país que va a decidir un desembolso, pero también se cuela la política en ello. El comunicado del G24 marcó también que los fondos deben ser girados sin que haya condicionamientos externos a la operación en cuestión.
La Argentina en este sentido juega un rol aparte en el FMI. Rinde examen el 17 de diciembre por las estadísticas del INDEC y está intentando desarmar las presiones de los países europeos y de EEUU en los directorios de los organismos. No necesita del FMI y tampoco del Banco Mundial. Pero porque no esta en crisis, claro. Se le pronostica aquí un crecimiento mayor al 3% en 2013 pero aun así está en la mira de analistas y del propio FMI por su política de control al comercio y al dólar. Las pocas veces que se menciona al país en esta cumbre es para dejar ejemplo de lo que no hay que hacer en política económica. Son momentos de tensión en varios frentes.
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