Brecha cambiaria complica más al comercio exterior; se suma efecto del clima

Economía

El principal obstáculo para el exportador con el tipo de cambio oficial es que le plantea una inconsistencia hacia adelante. Productores advierten que se inhibe decisión de venta.

Especialistas en comercio internacional y exportaciones advierten que las diferencias entre el tipo de cambio oficial y las cotizaciones paralelas empiezan a generar ruido y diferimientos en las ventas al exterior. Encima, como si la delicada situación económica del país y el Covid-19 no fueran un combo suficientemente explosivo, en los últimos días la exportación agrícola sumó un nuevo escollo: la bajante en el Río Paraná que impide cargar los barcos en los niveles adecuados.

En lo que tiene ver con la cuestión cambiaria, ayer se volvió a ensanchar la diferencia entre el dólar minorista, que cerró en $67,50, y el Contado con Liquidación, que está en $105,27. Algo similar sucede con la divisa MEP, que escaló un 4,4% hasta situarse en los $104,23. Tal es la distorsión que, el último fin de semana, una empresa del rubro inmobiliario publicitó en programas de televisión que está tomando los billetes estadounidenses a razón de $110 por unidad.

“El principal obstáculo para el exportador con el tipo de cambio oficial es que le plantea una inconsistencia hacia adelante”, resumió el director de la consultora DNI, Marcelo Elizondo. Al respecto, el especialista en comercio internacional agregó: “El negocio del exportador nunca es spot, de una vez. Por tanto, si hay una brecha cambiaria muy grande intuye que el tipo de cambio oficial no es sostenible y que, por ende, él está vendiendo ahora a un precio menor al que le convendría vender, o está cobrando menos de lo que cobraría si difiere. Además de que los costos internos o aún los de importación de insumos se le van a ir para arriba”.

En línea con lo mencionado por Elizondo, el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y del Centro Exportador de Cereales, Gustavo Idígoras, señaló: “La brecha cambiaria inhibe la decisión de venta por parte del productor, que está viendo que probablemente haya una devaluación del peso y, por lo tanto, que tenga mayores ingresos esperando, más aún teniendo en cuenta la caída del precio internacional de la soja. Por eso hoy hay un nivel de retención de soja superior al 50% de la cosecha argentina”.

Por otra parte, Elizondo añadió: “Este salto entre un tipo de cambio y el otro también impacta en la diferencia entre la rentabilidad de la exportación y los costos, porque siempre los costos de producción (si son de acceso en la economía doméstica) se ajustan más a la inflación y al tipo de cambio paralelo que a la evolución del dólar oficial”.

Por otra parte, al tener un dólar anclado por el cepo, la Argentina viene perdiendo competitividad exportadora respecto de otros países de la región que han visto devaluar su moneda de manera más contundente debido a la salida de capitales de emergentes hacia activos seguros. De hecho, el Tipo de Cambio Real Bilateral con Brasil, principal socio, se ubica en niveles pre-devaluación.

Respecto de los distintos tipos de cambio que actúan en paralelo en el país, el titular Cámara de Exportadores de la República Argentina, Enrique Mantilla, se quejó: “La brecha cambiaria es un desequilibrio que no figura en ninguna estrategia nacional exportadora exitosa”.

En tanto, Julieta Zelicovich, especialista en comercio internacional de la Universidad Nacional de Rosario, consideró que los principales problemas para el comercio exterior hoy son “los costos domésticos, por un lado, y, por otro, la baja de la demanda externa debido a la pandemia”.

Y Zelicovich recordó que a la cuestión económica se le agrega un inconveniente climático que afecta al complejo agroexportador que tiene su centro neurálgico en el Gran Rosario: “El Río Paraná atraviesa una de las bajantes más grandes de su historia y, como está tan seco el cauce, los buques no pueden salir con la carga completa de cereales y aceites”, destacó.

En cuanto a esta situación, Idígoras explicó que se ha reducido la carga de los barcos en alrededor de 7.500 toneladas por nave y que esto implica que la mayoría de ellos tiene que ir luego a los puertos de Bahía Blanca y Quequén. “Bahía Blanca, encima, está con problemas con los sindicatos, por lo que está trabajando menos horas y eso nos genera costos adicionales. Como exportadores estamos asumiendo dichos gastos y tratando de cumplir todos los contratos para no generar un problema en la reputación y la credibilidad comercial de la Argentina”, remarcó.

Si bien la Cancillería logró llegar a un acuerdo con Brasil para que se libere mayor caudal desde la represa de Itaipú y que de esa forma se incremente el nivel del río, desde la Bolsa de Comercio de Rosario explicaron que el principal problema es la sequía. Además, desde la entidad sintetizaron en un documento los inconvenientes que genera y puede el fenómeno climático adverso: demoras en el proceso de exportación, demoras en la llegada de las barcazas proveniente de Paraguay con soja, posibles demoras en la carga de buques con aceite de soja y posible ralentización del programa de embarques de maíz en abril y mayo, lo cual podría generar problemas de saturación en la capacidad de almacenaje del grano dentro de los puertos.

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