El gobierno advirtió ayer a los industriales argentinos que las limitaciones futuras para las importaciones chinas tendrán un plazo limitado: uno o dos años. En ese tiempo los sectores textiles, del calzado y los fabricantes de juguetes deberían, según la visión oficial, «reconvertirse», invirtiendo en maquinaria y bienes de capital que les permitan ser más competitivos en precio y calidad con los productos similares provenientes de Oriente. El mismo criterio correspondería a los rubros que serán protegidos ante las importaciones brasileñas, como los electrodomésticos (heladeras y lavarropas) y otros textiles. La advertencia la hizo el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía, al entregar premios a exportadores. En realidad, el funcionario sólo aclaró algo que es una norma internacional avalada por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sucede que la Argentina, tanto contra China como ante Brasil, sólo puede aplicar salvaguardas y no sanciones antidumping que tendrían una duración mayor. El argumento para imponer trabas es que se produce un daño a un sector industrial local que se necesita proteger mientras éste invierte y se desarrolla para poder competir.
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