• Denunciaron esos números ante Cristina de Kirchner los empresarios de ese país que operan en la Argentina. Ella rechazó la afirmación e, incómoda, defendió a su marido: sostuvo que la inflación no llega a 10%. Mal momento para su gira proselitista con fotografías con Lula • Ocurrió, además, justo el día en que Néstor Kirchner insistió en que «hay sectores que pretenden desestabilizar al gobierno con datos de inflación superiores» a los que brinda su INDEC. Habló a través de Guillermo Moreno, comisario de control de los precios • Persiste el Presidente con esa prédica obsesiva, negatoria, cuando sus propios hombres han reconocido distorsiones y aumentos excesivos del costode vida: Martín Redrado, Alberto Fernández, Daniel Filmus, Julio Cobos, Hugo Moyano, Hebe de Bonafini, Aldo Ferrer, Carlos Tomada, los sindicalistas de ATE y José Manuel de la Sota. ¿Serán ellos también desestabilizadores, como los empresarios brasileños? • Kirchner logró ayer una adhesión que le permite alimentar su teoría: el defensor de pobres, el piquetero Luis D'Elía, se acopló afirmando que el costo de vida no crece y que «hay sectores a favor de la desestabilización» • En fin, la película que ya vieron todos los argentinos. Por si alguien se acuerda, hoy se cumplen 30 años de la muerte de José Ber Gelbard, quien le hizo creer al país que se vivía con «inflación cero».
Cristina Kirchner, el presidente Lula y su esposa, Marisa Leticia, ayer en el Palacio de la
Alborada, en Brasilia.
No pasó un buen momento Cristina Fernández ayer por la tarde en Brasilia, cuando tuvo que enfrentar a 16 empresarios locales invitados especialmente por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva para escuchar a la candidata. La intención de la visitante era hablar durante media hora con su tradicional mensaje elíptico al auditorio citado en el Palacio de Itamaraty, pero por una amable imposición de los anfitriones debió enfrentar las preguntas de los representantes de grandes compañías. Para peor, no hubo en esta oportunidad ningún filtro para las consultas, como el que aplicó en NuevaYork la presidenta del Council of the Americas, Susan Segal. Ayer, en la Cancillería brasileña, los cuestionamientos fueros directos, y alcanzaron temas como la inflación, el congelamiento tarifario, la falta de garantía para las inversiones y hasta la relación que la Argentina mantiene con Bolivia.
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El encuentro ocurrió ayer en la capital brasileña, luego del almuerzo que la primera dama mantuvo con Lula da Silva y donde todo fueron alabanzas mutuas y conversaciones sobre proyectos futuros (ver nota aparte). Las compañías que enviaron representantes fueron Vale do Rio Doce, Grupo Gerdau, AmBev, Itaú, Marfrig, Andrade Gutierres, Braskem, Friboi, Coteminas, Odebrecht, Apex, Petrobras, BNDES, Embraer, Marcopolo y Camargo Correa.
El discurso original de la senadora giró en torno de la defensa del modelo económico « industrializador» vigente en la Argentina y la necesidad de «profundizar la integración regional». Habló de un Mercosur parecido, en un futuro cercano, a la Unión Europea (UE) y dijo que el crecimiento que registra la economía argentina «es diferente al que se vivió en otras etapas» porque antes «vino aparejado un gran caos social y la desocupación llegó a 24%». Repitió además la intención oficial de «negociar» la deuda con el Club de París, pero «sin condicionalidades», asegurando que esta posición «no es por una cuestión dogmática, sino pragmática», ya que «no nos parece lógico adoptar programas del FMI que fracasaron en otra época». Finalmente garantizó el superávit fiscal en un eventual gobierno suyo. Hubo aplausos, bastante efusivos, de parte de los empresarios, y la senadora amagó con saludar, despedirse y terminar con la reunión.
Sin embargo, los anfitriones locales, encabezados por el asesor presidencial Marco Aurelio García, la frenaron y aclararon que habría una ronda de preguntas. Aceptó Cristina Fernández y comenzaron así los cuestionamientos.
Corrección
La primera consulta fue sobre la inflación.
Una compañía mencionó que sus cálculos sobre el alza de precios en 2007 hablan de un piso de 17% y de hasta 20%. La senadora tuvo que corregir esa cifra, diciendo que el incremento para el año será inferior a 10%. Habló hasta de estudios privados que avalaban esta presunción y culpó a los bancos por decir que la inflación es de más de un dígito. Hubo repreguntas insistiendo en el problema, lo que llevó a la primera dama a explicar su estrategia para que los precios no sigan subiendo. Aparentemente, su idea es que el tratamiento sea gradual «porque involucra algunas cuestiones que afectan tarifas públicas y demandas de salarios».
Fue allí cuando apareció la pregunta sobre la demora oficial en aclarar el panorama sobre los aumentos de los costos de los servicios públicos. Cristina, ya molesta, dijo que «no se puede pedir control de inflación y al mismo tiempo doblar o triplicar tarifas, porque habría demanda de doblar o triplicar aumentos salariales que los sindicatos harían inmediatamente». Sólo deslizó, sin profundizar, que el tratamiento tarifario sería «gradual».
La tercera pregunta apuntó, en caso de vencer en las elecciones del 28 de octubre, a cómo piensa encarar la crisis energética. Hubo un primer reflejo de la visitante, señalandoa la prensa como la culpable del problema por los titulares «catastróficos» que anticipaban grandes apagones «que no se produjeron». Los empresarios aclararon que sus consultas se dirigían a saber si continuarían los cortes a las industrias. Allí la senadora cedió: reconoció los cortes pero dijo que fueron causados «por la tensión del crecimiento». Sobre la solución del problema dijo que «la ecuación energética de América del Sur» sólo cierra con el aporte de los Estados que tienen recursos, y aclaró que el aumento en la generación propia se verá en 2009, con lo que hasta ese momento la estrategia argentina es que Brasil, Uruguay, Bolivia y Venezuela le sigan exportando energía y combustibles.
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