2 de mayo 2008 - 00:00

''Turismo compensó la caída en el consumo interno''

Lía Nielawicky
Lía Nielawicky
«Falta personal idóneo para las fábricas. Es difícil encontrar jóvenes responsables. Nos vimos obligados a invertir dinero y tiempo en capacitar a los empleados. Por eso, el principal desafío hoy pasa por retener a los talentos», afirma con preocupación Lía Nielawicky, propietaria de las marcas de carteras, zapatos y accesorios Lazaro y Jet. La empresaria dialogó con este diario acerca de cómo impacta la inflación en su negocio, de cómo influye el turismo extranjero y de cómo hace una empresa familiar para sobrevivir:

Periodista: ¿Cómo se inició en el negocio de la moda?

Lía Nielawicky: Durante once años diseñé tejidos para mayoristas y entré en la marroquinería hace veinte años, de la mano de mi marido Lázaro, a cargo del área comercial.

P.: ¿Cómo es el trabajo dentro de una empresa familiar?

L.N.: En mi caso fue y sigue siendo una experiencia enriquecedora. El apoyo de mi marido y mis hijos fue muy importante. Como familia nos llevamos bien y esto se traslada al ámbito laboral. La confianza que nos tenemos y el trabajo a la par es una de las ventajas de este tipo de empresa.

P.: Lazaro existe hace seis décadas; son pocas las empresas familiares argentinas que permanecen bajo la conducción de los miembros de la familia después de tanto tiempo...

L.N.: Es cierto. Eso de que las empresas familiares no sobreviven a la tercera generación no es un mito. Para permanecer no hay que dejar de estar involucrado en cada etapa de la producción y comercialización, a pesar de que la empresa crezca y tome otras dimensiones. Tratar de no perder la magia de lo artesanal. Por más que uno delegue tareas, estar involucrado íntimamente con la compañía.

P.: Muchos empresarios del diseño se quejan por la falta de personal capacitado. ¿Ustedes también tienen esta dificultad a la hora de contratar personal?

L.N.: Sí. No hay personal idóneo para las fábricas. Se perdió el amor por el oficio; cuesta encontrar jóvenes responsables, por ejemplo vendedores que atiendan a los clientes con cordialidad. En nuestro caso, invertimos dinero y tiempo en capacitar a los empleados. Es una tarea ardua formarlos, por eso el principal desafío hoy pasa por retener a los talentos.

P.: ¿Cuál es la situación actual del sector de marroquinería?

L.N.: Muy bueno, sobre todo después de la crisis de 2001, cuando comenzó la gran afluencia de turismo extranjero. En esa época surgieron muchas marcas nuevas pero hoy sólo quedamos las más sólidas. Este rubro no es fácil: requiere gran conocimiento sobre cueros, diseño y las necesidades de los clientes. Sólo las compañías con años en el rubro lo tienen...

P.: ¿Son entonces una industria que se benefició de la crisis?

L.N.: El consumo local había disminuido en gran medida. Y el auge del turismo extranjero, favorecido por la devaluación del peso, lo reemplazó. El turista adora los cueros y diseños argentinos y hoy es el gran motor del crecimiento del sector.

P.: ¿Hay diferencias entre el gusto local y el extranjero?

L.N.: No en cuanto a diseño, ya que ambos siguen las mismas tendencias. La diferencia está en el trato: al argentino le gusta más la atención personalizada, la dedicación exclusiva.

P.: ¿Pueden exportar?

L.N.:
Sí: vendemos en Estados Unidos y en Inglaterra, pero no con locales propios.

P.: ¿Cuánto les afecta la inflación en su negocio?

L.N.: Muchísimo; si bien tratamos de optimizar los recursos, la suba en los costos es constante. Tuvimos que absorber parte de ellos para que los precios no se disparen. Los clientes comprenden la realidad que estamos viviendo, pero igual no les gusta que suban.

Entrevista de Marcela Pagano

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