Lo reconoció la Comisión Europea mediante un informe en el que analiza los progresos alcanzados en el último año.
En el estudio se estableció que la UE no consigue recuperar su retraso tecnológico y económico respecto a EEUU. El presidente de la Comisión, Romano Prodi, dijo que los países de la UE "parecen no darse cuenta de que 2010 no está muy lejos". Fue en referencia a los objetivos fijados por el bloque para ese año, en Lisboa en 2000.
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La Comisión de la UE publicó hoy un informe en el que analiza los progresos logrados en el último año para alcanzar los ambiciosos objetivos fijados en Lisboa en 2000, en plena euforia económica, y en el que deja poco margen para el optimismo.
Por países, los que obtienen mejores resultados en 2003 respecto al programa modernizador de Lisboa son Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Austria y Suecia, mientras que Grecia, España, Italia y Portugal "registran resultados relativamente mediocres".
Medidos los avances desde 1999, la Comisión señala que Francia, Bélgica y Grecia "han registrado progresos bastante buenos", mientras que en Alemania, Luxemburgo, Austria y Portugal "han sido más bien decepcionantes".
La "estrategia de Lisboa" persigue hacer de la UE en 2010 la economía más dinámica, viable y competitiva del mundo, basada en el conocimiento, caracterizada por el pleno empleo, y sin renunciar a una creciente cohesión económica y social.
Pero, tras cuatro años de su puesta en marcha, los progresos hechos por la UE "siguen siendo insuficientes" para conseguir los objetivos fijados, por lo que hay que aprovechar la recuperación económica y la dinámica de la ampliación para dar un nuevo impulso.
El presidente de la Comisión, Romano Prodi, indicó al presentar el informe ante el Parlamento Europeo que los Estados de la UE "parecen no darse cuenta de que 2010 no está muy lejos" y agregó que "es evidente que no vamos a cumplir los objetivos a medio plazo", por ejemplo, alcanzar una tasa media de ocupación del 67 por ciento en 2005.
La inminente ampliación de la UE a diez nuevos miembros, todos ellos más pobres que los actuales, no debe ser motivo de desánimo, según Prodi.
Por el contrario, "debe acogerse con confianza" porque contribuirá a dinamizar la economía -sobre todo gracias a su potencial de crecimiento- la productividad y la atracción de nuevas inversiones.
El informe alerta de que el crecimiento europeo ha sido débil en los tres últimos años, por lo que el nivel relativo del Producto Interior Bruto (PIB) per cápita en la UE no aumentó en 2003.
En este sentido, indica que la Unión "no conseguirá recuperar su retraso" frente a Estados Unidos, pues el PIB per cápita de los Quince representa un 72 por ciento del estadounidense.
Otro de los motivos de preocupación es que la productividad y el empleo de la UE "no aportan una contribución suficiente" al crecimiento.
La contribución de las tecnologías de la información y la comunicación al crecimiento de la productividad "es inferior a la media observada en Estados Unidos", debido en gran parte a un uso y difusión aún muy lento de estas tecnologías.
Además, detecta que puede aumentar la pobreza en varios países para 2010, en especial por el crecimiento del paro y la falta de sostenibilidad de los sistemas de protección social y de pensiones.
En el terreno medioambiental los progresos de los países son por norma general "insuficientes" y revelan una falta de toma de conciencia frente a un crecimiento que se hará en detrimento de la naturaleza y que a medio y largo plazo será contraproducente.
El mercado interior sigue "muy fragmentado", tanto en el sector servicios como en el comercio intracomunitario, y los países miembros sólo han transpuesto a su legislación nacional una media del 58 por ciento de las normas comunitarias ligadas a la estrategia de Lisboa.
Sin embargo, la UE ha conseguido avances positivos en estos años, como la creación de 6 millones de empleos de 1999, a pesar de la ralentización económica, y mejoras significativas en el paro de larga duración y la tasa femenina de empleo.
Además se ha logrado la apertura de diversos mercados de redes estratégicos, como el de telecomunicaciones, la energía y el transporte ferroviario.
Bruselas ha fijado tres prioridades para este año: mejorar las inversiones en redes de infraestructuras y conocimiento, reforzar la competitividad y promover la prolongación de la vida activa de los trabajadores.
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