Los máximos directivos de la Unión Industrial Argentina se llamaron a un prudente silencio a partir de que el miércoles pasado el ministro Roberto Lavagna hiciera pública la carta que le envió su titular Héctor Méndez, explicando que lo que habían publicado dos matutinos (ninguno de ellos Ambito Financiero) sobre un choque con el gobierno no se correspondía con la realidad. El jueves, cuando los medios publicaron el contenido de la carta de Méndez a Lavagna, hubo una tumultuosa reunión en la sede de la central fabril. Allí se escucharon algunos reproches mutuos, sobre todo a un dirigente que en la mañana del miércoles había realizado duras declaraciones radiales respecto del momento que vive el país (habló de «clima enrarecido»). De hecho, algunos de sus pares llegaron a reprocharle (sinrazón, seguramente) que Lavagna hubiera decidido hacer pública la carta privada de Méndez justamente a raíz de las declaraciones del dirigente.
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Esto no parece corresponderse con la realidad: es casi una verdad de Perogrullo que, si alguien exige que le envíen una carta de disculpas, lo hace con la casi obvia intención de darla a conocer en algún momento, y más temprano que tarde, además. De no haber tenido este propósito último la exigencia del ministroal presidente de la UIA (el envío de una misiva aclaratoria), habría bastado con una comunicación telefónica, una aclaración de que lo que se publicó en esos dos diarios no era lo que había dicho Méndez en la conferencia de prensa posterior al almuerzo con Lavagna y un «apretón de manos» virtual, telefónico y a la distancia.
• Acuerdo
A raíz de las repercusiones que tuvo la difusión de la carta -que fue acompañada por un comunicado sin firma ni membrete distribuido por Economía-, algunos funcionarios de la cartera económica se habrían contactado con directivos de la entidad empresarial para tratar de bajarle el tono a lo que amenazaba con convertirse en una disputa cuyas consecuencias finales eran de difícil pronóstico. En esto el acuerdo fue sencillo: a ninguna de la partes le convenía seguir fogoneando un conflicto construido sobre el aire.
Desde ese día, el «pacto de silencio» viene siendo respetado a rajatabla por los empresarios. Alguno, como el presidente Méndez, emprendió un oportuno viaje de negocios a Brasil; otros se refugiaron en sus casas de fin de semana o en sus establecimientos agropecuarios; un tercer grupo se quedó en Buenos Aires, pero con los teléfonos desconectados.
De todos modos, nadie -ni en Economía ni en la UIA- piensa que el tema tenga la trascendencia que se le dio en principio; de hecho, la semana próxima (el lunes y el martes) en Córdoba habrá un congreso organizado por la central fabril en el que se hará un resumen de todas las reuniones de «cadenas de valor regionales» celebradas en los pasados doce meses. Si bien no está prevista de antemano la presencia de Lavagna, no debe descartarse que viaje a Córdoba para participar del encuentro. Allí podría compartir el estrado con el gobernador José Manuel de la Sota y el intendente Luis Juez; después de todo, en el país también hay una campaña electoral que atender.
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