12 de septiembre 2008 - 00:00

Una ciudad cara, y con mil caras

Seúl (enviado especial) - Carísima, pero no en todo. Sumamente ordenada, pero bastante menos de lo que uno esperaría. Absolutamente moderna y occidentalizada, pero sólo en su cáscara. Respetuosa de las diferencias, pero visceralmente puritana. Seúl, la capital de Corea del Sur, tiene mil caras y vale la pena conocerlas.

La ciudad tiene bien ganada su fama de quinta capital más cara del mundo, con los exorbitantes precios de las viviendas en primer lugar, seguidos por los de la ropa y los alimentos. Comprar un departamento de cuatro ambientes en un barrio de clase media implica desembolsar unos 400.000 dólares.

El de la ropa y los accesorios ( carteras, relojes) es un capítulo aparte. Las marcas internacionales son tan caras como en todos lados, pero aquí se pueden encontrar imitaciones perfectas, cuyos precios son apenas un tercio de los originales. Copian los modelos, pero no piratean las marcas (para eso hay que ir a China). Mientras, la ropa de consumo más popular, de marcas locales o indiferenciadas, triplica los costos que se conocen en la Argentina.

Paraíso de la tecnología al fin, los artículos electrónicos son decididamente más baratos. Algo esperable, aunque en algunos casos llama la atención la magnitud. A pesar de las quejas de los coreanos por la elevada carga impositiva de esos bienes, las computadoras portátiles y los teléfonos celulares, por ejemplo, resultan claramente más accesibles y los televisores más modernos de pantalla plana cuestan hasta 30% menos que en nuestro país.

  • Alimentos

  • El de la comida es otro capítulo sensible. De la mano de la suba de los precios internacionales de los granos, los lácteos y la carne, su costo en el mercado doméstico se incrementó en más de 20% en el último año, castigando sobre todo a los hogares de recursos más modestos o medios. La nafta, mientras, cuesta 1,6 dólar por litro, y un viaje en colectivo, 1 dólar.

    Con su PBI de un billón de dólares y su monto per cápita cercano a los 25.000 dólares, más un desempleo de sólo 3,1%, Corea de Sur es hoy un país rico y desarrollado. Pero, como en todaspartes, la vida no es fácil.

    A las mencionadas estrecheces hay que sumar las dificultades que cada vez más jóvenes encuentran para acceder a un empleo bien remunerado.

    Tras la crisis de 1997, y con su nuevo gobierno conservador, la economía local está viviendo un acelerado proceso de liberalización que la hace más competitiva pero especialmente vulnerable a crisis como la actual. Pero hay que recordar que, como los de todos los «tigres asiáticos», el llamado «milagro del río Hangang» fue fuertemente inducido desde el Estado. A diferencia de Taiwán, las beneficiarias de los subsidios y la intervención pública no fueron aquí las empresas medianas sino las grandes corporaciones, gigantes que hoy son capaces de explotar con la misma marca el sector electrónico, el de los componentes de computación, la construcción, terminales automotrices, hoteles y hasta la fabricación de golosinas. Son tan poderosas que a veces actúan como un gobierno paralelo, y en medio de la actual crisis decidieron, cual ministerio de economía ad hoc, sumar gastos y esfuerzos para lanzar un paquete de estímulo de 94.000 millones de dólares.

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