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Con la misma simple lógica, el mercado debía desarmar el movimiento en torno de la falacia, pero allí jugó otro principio que es mezcla de física y de ímpetus humanos. No es posible detener, frenar un vehículo lanzado, en sólo unos metros. Y tampoco detener una oleada de órdenes pendientes, que juegan contra lo sabido y en medio de una euforia. Resultado: el mercado cerró sumando algo más - 0,30%- a un Merval de 1.484 puntos.
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