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A modo de amenaza a los organismos financieros internacionales y, sobre todo, de los acreedores externos, la idea -que se atribuye al subsecretario general de la Presidencia, Informate más
Pero hay otra interpretación. El gobierno influiría -si avanza el plebiscito- en que la población diga, como en el Beagle, sí paguemos, porque si no faltarán inversiones, pagarán nuestros hijos, etcétera. O sea, se induciría lo justo desde el gobierno. ¿Por qué? Porque así se salvaría la imagen presidencial de tantas afirmaciones fuertes. «No me doblarán la mano, no acepto presiones», etcétera. Con esto, Kirchner logró calmar a la izquierda, pero, obviamente, desafiar al mundo y robarle sus ahorros es política suicida a mediano plazo. Un plebiscito no es correcto. Sería pasable sólo con esta segunda imagen de salvar una palabra presidencial, como siempre demasiado comprometida por excesos.
También hay cuestiones técnicas que habría que tener en cuenta.
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