La persistente devaluación del peso y el aumento del precio del petróleo internacional constituyen dos factores de peso para que se produzca una nueva suba de los combustibles en el mercado local en pocos días, según se afirma en las empresas petroleras.
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Luego de la salida de la convertibilidad, los combustibles subieron dos veces: alrededor del 20 de febrero y el 8 de marzo, acumulando subas de 14% a 25% en las naftas si se consideran los valores sin impuestos.
En principio, hace diez días no se esperaban nuevas subas durante marzo, debido sobre todo a la fuerte caída de la demanda que fue de más de 20% durante el primer bimestre. Sin embargo la situación varió al continuar la depreciación del peso y al consolidarse la suba del precio internacional del petróleo. El 8 de marzo, cuando las tres principales petroleras - Repsol-YPF, Shell y Esso --aplicaron el último aumento, la variedad West Texas Inter-mediate, que es la de referencia para los precios argentinoscerró a 24,31 dólares en el mercado de Nueva York.
Ayer, la cotización internacional del petróleo registró una fuerte tendencia al alza en Nueva York, alentada por las perspectivas de recuperación de la economía en Estados Unidos, y la reducción de los stocks en ese país.
El WTI llegó a los 25,62 dólares por barril apenas dos horas antes del cierre de la sesión, un nivel que no lograba desde finales de setiembre y que implicaba un aumento de 2,8% con respecto a la jornada anterior. Sin embargo, al cerrarse la sesión los contratos para abril finalizaron a 24,90 dólares, con un incremento de 2 centavos con respecto a la sesión anterior. En una de las petroleras se afirmó ayer que «con los precios actuales de los combustibles, las empresas son inviables, por lo que no hay otro remedio que trasladar prudentemente a los precios la suba de costos, en el corto plazo».
• Apremio
Las empresas refinadoras que no producen petróleo propio son las más apremiadas para aumentar los precios al público, porque, según afirman sus voceros, ya se está terminando el acuerdo con las productoras de comprarles el crudo a un tipo de cambio de $ 1,60 y, a partir de los próximos días, se pediría el precio en dólares al tipo de cambio del día, aunque con los descuentos habituales (por calidad, fletes) y el descuento que implica la retención de 20% sobre el precio de exportación.
Nadie quiere precisar cuánto faltaría subir los combustibles, aun si se pudieran mantener quietos el valor del dólar y del petróleo. Con un discurso más prudente, las empresas ya no hablan de alinear los precios inter-nos de los productos con las cotizaciones internacionales, como decían en otras épocas, si no de trasladar los mayores costos. En una de las refinadoras, se dijo que «75% de los costos son en dólares, y de ese porcentaje 60% corresponde al petróleo», por lo cual si el crudo lo empiezan a pagar al tipo de cambio del mercado, la adecuación del precio de la nafta, sin impuestos, rondaría 30%, y para el público significaría una suba de 14%, porcentaje que se iría trasladando gradualmente.