Fue la primera semana –luego de siete consecutivas en alza– que las tasas largas se tomaron un merecido descanso. ¿Adiós a las armas? ¿Comulgaron ya los bonos y se retiran de escena en paz? Cedieron las tasas pero también las acciones, y la tensión se mantuvo como si se tratase del ardid de una emboscada. ¿Vuelve el covid, con mutaciones y variantes, a imponerse en la batalla por la salud pública? Las tribulaciones de Europa –y América Latina– obligan a redoblar restricciones y confinamientos, y la economía no saldrá indemne. ¿Es el efecto del rebalanceo de los portafolios a fin del trimestre? Los fondos de pensión y los balanceados, ¿venden acciones y recompran bonos para restablecer la relación que exigen sus reglamentos? Las dudas crecieron el viernes temprano. ¿Es un fenómeno puntual? ¿O existe algún herido? ¿Hay un fondo liquidando posiciones? Grandes ventas simultáneas de acciones en bloque alimentaron esa presunción. A la par, los fondos globales de mercado monetario recibieron el mayor influjo de recursos en 13 semanas, una movida notoriamente defensiva. Día a día, Wall Street rindió examen en busca de señales ominosas. Pasaron bajo la lupa desde China hasta el bitcoin, o con más precisión, el Grayscale Bitcoin Trust, que es un fideicomiso que permite invertir en la criptomoneda en los EE.UU., que cayó 20% desde sus máximos pari passu con el ascenso de las tasas largas y cuya cotización –por su carácter de fondo cerrado– fluctúa alrededor del valor de sus bitcoins en cartera. Siempre cotizó con una prima importante, pero ahora lo hace con descuento y esta semana, con la quita más pronunciada en su (breve) historia. No hay nada siniestro ahí. Simplemente una mayor competencia en ciernes. En Canadá ya operan ETF vinculados al bitcoin y, esta semana, Fidelity y Goldman Sachs pidieron autorización para lanzarlos en EE.UU. Es cierto sí que la escalada de las tasas largas frenó el ascenso meteórico del bitcoin pero nada que empañe las expectativas, sean racionales o no. Y el petardo verbal de Ray Dalio, un manager de hedge funds, sobre una eventual prohibición del bitcoin en los EE.UU. como sucedió con el oro en los años 30 es una especulación pobremente argumentada (la decisión entonces fue salir del patrón oro; hoy el dólar flota libremente). No es que una regulación más restrictiva sea imposible, es lo esperable. Pero a medida que la industria financiera establecida lo incorpora a su menú –e invierte en desarrollar el negocio–, y las autoridades lo consienten, las chances de un tratamiento arbitrario se recortan.

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