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Periodista: Le traslado la pregunta que más me hacen a mí. ¿Esto es culpa del coronavirus? ¿O es el fruto del shock petrolero que desató Arabia Saudita rebajando los precios a sus clientes y anunciando un aumento de la producción?
Gordon Gekko: Es como el crimen del Expreso Oriente. Cada uno aplicó su puñalada. Lo que estamos viendo es la suma de muchos aportes hechos con saña. No es un corte, sino una carnicería.
P.: ¿Game over? ¿Es el fin de ciclo?
G.G.: ¿Cómo convencer a alguien de que no lo es?
P.: ¿Cómo?
G.G.: Se invirtió la carga de la prueba. Toda baja confirma las sospechas; toda suba es rebote de gato muerto, más que dudoso. La Bolsa europea penetró formalmente en zona de mercado bear. Pero, se haya cruzado la frontera o no, hoy luce como una cuestión de tiempo.
P.: Wall Street todavía no lo hizo.
G.G.: Correcto. Pero el acento está puesto en todavía. Quedó en el límite.
P.: ¿Hasta dónde influye que la Bolsa haya estado tan sobrevaluada antes del virus?
G.G.: Sobre llovido, mojado. Pero una pandemia, o la amenaza fehaciente de la misma, hubiese derretido a la Bolsa bajo cualquier otro contexto.
P.: ¿Le parece?
G.G.: No es tan difícil darse cuenta. El problema no es la sobrevaluación original, existiese o no; el drama es que la epidemia, superado un umbral, nos lleva con suma facilidad a un escenario esperado de recesión, deterioro marcado de la rentabilidad y complicaciones crediticias. Y, quebrada la confianza, exacerbada la incertidumbre, eso se traduce siempre en recortes de exposición, precios sensiblemente más bajos y primas de riesgo muy elevadas.
P.: Exageramos en el alza, y exageraremos en la retracción.
G.G.: Lo que digo es que la segunda exageración se hubiera bastado por si sola para meternos en la zozobra. ¿O acaso las tasas largas del Tesoro no se desplomaron con el auge del coronavirus pese a que ya su nivel era reducido? ¿No estaba incorporada ya la posibilidad de que surgiera algún accidente cuando la tasa de 10 años se arrimaba a los mínimos de todos los tiempos? Pero, igual lo pasó como poste. Y no se detiene. Ya tocará hacer sintonía fina; lo que manda en el momento es acomodar un cambio brusco de portafolio. Y todo el mundo quiere fugarse en la misma dirección.
P.: Le cambio la pregunta original. ¿Qué es más delicado, hacia delante, el contagio del virus o la canilla abierta de la producción de crudo?
G.G.: Es más sencillo descontar el impacto pleno de la guerra del petróleo, aunque los riesgos involucrados son grandes. Contamos con los elementos de juicio para imaginar los distintos escenarios, estilizados. Nos podemos equivocar en los detalles pero tenemos experiencia. El virus y su derrotero, en cambio, son incertidumbre pura.
P.: El virus es impredecible. Y su evolución, exponencial. Lo que hoy es una cifra chica puede transformarse en una devastación en muy poco tiempo.
G.G.: China se las arregló para torcer su aceleración constante. Es la buena noticia. Fuera de China el demonio está suelto, y es ingobernable.
P.: Habría que hacer lo que hizo China.
G.G.: Si Italia fuera capaz de reproducir los resultados de China, y replica el patrón general de moderación, la crisis daría vuelta la página. Pero no es lo mismo poner en cuarentena a Wuhan que a la Lombardía. Los chinos no salen de la casa. Si los italianos del norte se apuran por irse al sur, el virus se irá con ellos de paseo. La duda está ahí. ¿Puede una sociedad democrática convencer a los ciudadanos de aislarse por un período prolongado sin apelar a todo un arsenal autoritario?
P.: ¿No hará falta comprobar que la crisis del coronavirus se contiene en los EE.UU.?
G.G.: Si Italia tiene éxito, se podrá asumir que EE.UU. también lo conseguirá, y ahí los precios comenzarán a lucir atractivos. Habrá cash disponible para apostar a favor. La pregunta del millón es cuánto tiempo llevará. La duración de la crisis es clave porque la obsesión ya está instalada y cada día que pasa aumenta la agonía. Y Arabia Saudita no hizo más que hundir el dedo en la llaga. ¿Cómo harán las compañías de shale para atender su deuda? ¿Y las aerolíneas, hoteles y demás infortunados? El crédito ya está puesto en la picota, y la erosión continuará.
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