23 de julio 2015 - 00:18

141 testigos en el juicio AMIA (parte II): táctica y estrategias

• MODELO DE JUSTICIA SE PONE A PRUEBA DESPUÉS DE LA FERIA DE INVIERNO.
• NISMAN, EL GRAN AUSENTE.
• LA CORTE, EXPECTANTE.

Juan José Galeano, Alberto Nisman y Jorge Bergoglio
Juan José Galeano, Alberto Nisman y Jorge Bergoglio
El juicio oral por el supuesto encubrimiento de la causa AMIA comenzará con 141 testigos, número inferior al que pretendían las partes implicadas. El tribunal a cargo del proceso aplicó un criterio que restringió de dicho listado a diversas figuras de la política o la Justicia (hasta el papa Bergoglio había sido requerido por una de las defensas) y se dedicó a completar la instrucción complementaria para iniciar el debate apenas finalice el receso invernal en los tribunales.

Entre los acusados figuran el exjuez Juan José Galeano y los exfiscales José Barbaccia y Eamon Mullen. También van a juicio el exjefe de la SIDE Hugo Anzorreguy, el extitular de la DAIA Rubén Beraja, el comisario retirado Jorge Palacios, el mecánico Carlos Telleldín, su expareja Ana Boragni, su exabogado Víctor Stinfale, los exagentes de inteligencia Patricio Finnen y Juan Anchezar, y el policía retirado Carlos Castañeda.

La previa a este juicio anima la feria judicial. Abundan los encuentros para especular y los pálpitos sobre su resolución, lo cual viene a confirmar la percepción de que así como nadie quiso hacerse cargo del juicio (fue tortuoso encontrar tres magistrados en un tendal infinito de excusaciones por razones de amistad u enemistad con los acusados), todos muestran interés por su contenido. Es entendible: no sólo es un juicio en el marco del caso AMIA, es también un proceso al Poder Judicial, a sus prácticas cotidianas y a esa vena de extrema sensibilidad que es la relación entre magistrados y la clandestinidad de los espías.

Galeano, Mullen y Barbaccia son sólo la circunstancia. En su momento fueron figuras excluyentes al punto de tener el avión presidencial a su disposición para acelerar la causa que colocó al país en el tablero de la geopolítica. Sus perfiles son comparables a los de algunos de los jueces y fiscales del momento, que brillan en el escenario de aquellos que irritan al poder político o económico. Anzorreguy, en tanto, vendría a representar la matriz dominante de la SIDE hasta diciembre de 2014. Los actores son secundarios, lo central, el destino del proceso, pasa por un modelo de Justicia que se somete a una compleja revisión.

La escala necesaria de esa disputa será el Senado, en las próximas semanas, cuando Oscar Parrilli y Juan Martín Mena deban defender sus pliegos para oficiar al frente de la nueva SIDE.

En ese contexto, el silencio más estruendoso será el de Alberto Nisman, muerto el verano pasado en circunstancias todavía no aclaradas. Integrante del equipo de fiscales que investigó el atentado, luego a cargo de una pujante fiscalía general, el debate promete detalles imperdibles sobre su desempeño. La postura de los abogados defensores será que de haber estado vivo, Nisman también hubiera terminado en el estrado de la defensa. A fin de cuentas, los detalles coloridos de su vida personal y la información sobre su actividad en bancos de Nueva York podrían haber sido en vano.

La apertura de ese debate, fijada para el 5 de agosto, será dominada por la lectura del dictamen de elevación a juicio que firmó el fiscal Patricio Evers y la lectura de la querella que redactó el actual camarista Alejandro Slokar (Justicia Legítima) cuando todavía se desempeñaba en el ministerio de Justicia.

Galeano es la figura excluyente del debate, lo cual comienza a reflejarse por su perfil cada vez más público. Su argumento principal es que él le creyó a Telleldín y que a partir de ese falso testimonio la instrucción de la pesquisa perdió el rumbo gracias a intereses opacos.

La fiscalía buscará demostrar que en todo momento Galeano conoció que el testimonio del mecánico era falso. Esta idea ha calado en los despachos de cierta influencia en el Poder Judicial.

Hay mucho en juego para las partes acusadas: los delitos que se juzgan son de penas elevadas y ni el exjuez ni los exfiscales tienen edad como para cumplirlas en sus domicilios.

Galeano intentó que la Corte Suprema lo dejara fuera del debate a partir de la realidad de que el exjuez Gabriel Cavallo ya lo había absuelto.

Ese debate llegó a una Corte desprovista de firmas con expertise en Derecho Penal, un déficit que se ha vuelto notorio. Los ministros no ingresaron al fondo y sólo remitieron el fallo de la Casación Penal que abona la tesis de que si un sobreseimiento fue espurio es sensible de revisión (noción que causa temor en aquellos funcionarios que se alejan del calor del poder).

El juicio por el encubrimiento es estratégico para un Gobierno que quiere aprovechar ciertos elementos que allí se conozcan y también para una Corte que responde en última instancia por un poder de Estado que se vio superado por la situación.

Los momentos más jugosos del juicio se desarrollarán en paralelo con los primeros meses de la nueva administración. Y el contenido, se descuenta, será explosivo.

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