20 de agosto 2009 - 00:00

A lo Vandor, Moyano quiere ahora recrear el laborismo

Hugo Moyano pretende crear un espacio político-sindical para disputar el poder en el PJ. Una especie de laborismo como el que soñó Augusto Timoteo Vandor.
Hugo Moyano pretende crear un espacio político-sindical para disputar el poder en el PJ. Una especie de laborismo como el que soñó Augusto Timoteo Vandor.
«Por ahora no soy candidato a nada, me puede gustar o no, pero no estoy en condiciones de serlo». Hugo Moyano evitó la negativa franca; prefirió el coqueteo, la vaguedad del «por ahora» hasta manotear la broma realista: «Me gustaría jugar en la Selección pero el físico no me da».

No pudo, como se había programado, decirlo frente a los dirigentes de los 87 gremios reunidos en el sindicato madedero en una cumbre ultra moyanista. Un llamado telefónico, lo hizo cambiar de destino y Moyano terminó, a media mañana, en Olivos con Cristina de Kirchner.

A esa hora, sus seguidores encabezados por el taxista Omar Viviani, el canillita Omar Plaini y el portuario Juan Carlos Schmidt, estrenaron el último experimento moyanista: conformar un espacio político sindical para disputar poder dentro del peronismo.

Aunque venera a José Ignacio Rucci, Moyano recrea una antigua fantasía de otro metalúrgico asesinado, Augusto Timoteo Vandor: un partido laborista donde los gremios, además de aportar logística en elecciones y tumulto en actos, incidan en «la política».

Vandor, verdugo de Rucci en la UOM porteña, jugueteó con esa alquimia hasta que a las 11.30 del 30 de junio de 1969, lo fulminaron de cinco balazos. Había, enigmático, pergeñado un peronismo sin Perón que, con un eufemismo, denominaba laborismo.

Como en su hora «el Lobo», «el Negro» pretende un mayor poder de decisión del sindicalismo dentro del PJ. A diferencia de Vandor, siempre turbio y camuflado, nunca expuesto, Moyano pone su nombre en la aventura y deja que se desparrame la utopía de una candidatura propia.

Ése no es su objetivo: Moyano asume que más allá del fanatismo que genera entre los camioneros y en gremios amigos, no hay magia ni asesor de imagen que lo puedan convertir en candidato con chances. Ayer lo aceptó: «No estoy en condiciones de serlo», dijo.

La cumbre de ayer, sin el invitado top en la mesa, fue la oficialización del plan de transformación del moyanismo de grupo gremial en espacio político-sindical. Invoca a Vandor, acaso sin siquiera saberlo en aquello de pasar de «grupo de presión» a «factor de poder».

Con ese norte, «los 100 moyanistas» -ayer faltaron 13 del centenar que firmó la solicitada pro Moyano- volverán a verse el 1 de setiembre para redondear el lanzamiento del espacio con un acto, el 18 de setiembre, en Mar del Plata, con Moyano como orador estelar.

No invitarán, se anticipa, a Néstor Kirchner, pero para expandir las fronteras del espacio, convocarán a dirigentes ajenos al sindicalismo. El «scrum» gremial está armado: taxistas, la Confederación Marítima Portuaria, Textiles, SMATA. Petroleros, SOMU, Municipales y, claro, Camioneros.

Duelo

Cuarenta años después de la caída de Vandor, Moyano reedita aquella idea y desata un antiguo -y recurrente- duelo en el peronismo entre el poder sindical y el poder territorial, que tuvo como último episodio puntual la interna del PJ bonaerense de mediados del 83.

Ese pulseo, el 25 de agosto de ese año, lo ganó Herminio Iglesias, conocedor de los laberintos sindicales -se había formado en la UOM-, pero que consolidó su poder desde el territorio, Avellaneda. Fue quien acuñó una frase bestial para retrucar un pedido histórico de los gremios.

-¿Vos querés el 30% de las listas de candidatos? Entonces dame el 30% de tu gremio

-bramaba, con los puños cerrados sobre la mesa, bajo una catarata de insultos y un persuasivo bulto en la cintura.

Como pocas, esa frase grafica el encontronazo entre la rama sindical y la rama territorial que de Vandor en adelante se repitió secuencial y ahora, Moyano, vuelve a recalentar sin que haya, del otro lado, una figura claramente recortada como hubo en el 83.

Por entonces, Herminio montó un acorazado con los punteros territoriales del conurbano y logró, en alianza con otro territorial, Carmelo Amerise, destronar a los sindicales, patrocinados por la UOM de Lorenzo Miguel, que postulaba a Antonio Cafiero como gobernador.

Al lado de Cafiero burbujeaba un grupo de jóvenes dirigentes, entre los que aparecían Eduardo Amadeo, Patiño Meyer y Guido Di Tella, a quien en los debates incendiarios con otros dirigentes sostenía, en un esfuerzo por darle altura al planteo de Lorenzo Miguel, que el peronismo debía convertirse en un «labuor party».

Fue el duelo entre el célebre MUSO, que quería a Cafiero candidato, y la lista Azul de Herminio, entre las que pivoteaban otros dos espacios: la liga de ex intendentes, manejaba Amerise desde La Plata, y un sector minúsculo que respondía a Ítalo Luder.

La Azul ganó la interna -que eligió consejeros para el PJ y congresales, para un Congreso que luego designaría la fórmula para la gobernación y las listas de diputados y senadores-, Herminio pactó con el caudillo platense, y la fórmula fue Iglesias-Amerise.

Moyano, ahora, va por la revancha. Los caudillos territoriales, tan memoriosos como él, se preparan para resistir.

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