“A menudo se tergiversa el concepto best seller”

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Con su opera prima «El tiempo entre costuras», la escritora española María Dueñas vendió, sólo en España, 1.300.000 ejemplares, y en China -una de las 27 lenguas a la que está traducida- 100.000 ejemplares el mes de su lanzamiento. Con su nueva, «Misión olvido», que Planeta distribuye en la Argentina, viene repitiendo el fenómeno de ventas.

María Dueñas es profesora titular de filología inglesa en la Universidad de Murcia, aunque el éxito como novelista la ha hecho volcarse a la literatura a tiempo completo. En su breve visita a Buenos Aires, dialogamos con ella.

Periodista: «Misión olvido» salió al mismo tiempo en España y en la Argentina, y en los dos países apareció de inmediato en la lista de los más vendidos. ¿Se considera autora de best sellers?

María Dueñas: El término best seller significa que un libro que vende mucho. A menudo se tergiversa el concepto. Se agrega la idea de mala calidad. Y eso no me va. Pero si se toma con el respeto debido lo que la palabra significa, estoy encantada. Y ojalá siga así veinticinco o cuarenta años más [Se ríe].

P.: Hoy se considera al best seller un género literario, un libro, que por su tema, busca atrapar al lector medio.

M.D.: Uno no se sienta a escribir pensando «voy a escribir un best seller». Si no todos estaríamos haciéndolo, viajando, comprando castillos en Suiza, como Paulo Coelho, y enormes yates, como Arturo Pérez-Reverte. Si hubiera una fórmula, todos estaríamos voluntaria y conscientemente sentándonos al teclado y diciendo «venga, capítulo uno del best seller». No, no es un género como el policíaco, la novela de terror, o la erótica, que es lo que se lleva ahora. Es una consecuencia después de que los lectores lo tomen, lo lean, queden seducidos y lo difundan. Tenemos la obsesión de pervertir el sentido real del best seller. La cantidad de libros vendidos no está en absoluto relacionada con la calidad literaria.

P.: Sus novelas son, a la vez, históricas, románticas, políticas, de suspenso.

M.D.: Son todo eso. Y lo hago conscientemente. A mí me gusta superponer capas dentro de la novela. Capas temáticas. Capas de personajes. Capas de momentos. No hay una estructura lineal. Hay un poco de todo. Sentimientos, emociones, reflexiones. Una vertiente visceral. Otra de acción. Otra con contenido histórico. Hay zonas de recuperación de la memoria. Se entrelazan temas, ambientes, momentos. Me gusta ese ir y venir. Es estimulante ir cambiando y no andar siempre recorriendo el mismo camino.

P.: A la protagonista de «Misión olvido» la deja el marido por una mujer más joven. A usted no le habrá pasado...

M.D.: ¡Nooo! De momento, no. Como vendo muchos libros no creo que me deje. No le va a salir rentable. Por suerte, yo no he vivido eso. A mi alrededor, pasa todos los días. Amigas, hermanas, compañeras muy cercanas. A Blanca Perea el marido, simplemente, la planta.

P.: Y los hijos, también.

M.D.: Es natural. Llegan a la edad de irse de casa. Llevar su vida independiente. Ahí no hay una traición. Yo no sé si lo del marido de Blanca es una traición o un mal golpe de la vida. Todos tenemos a nuestro alrededor muchas Blancas Perea. Y le sucede a los hombres también. La estabilidad, el equilibrio y la armonía, todo porque han peleado media vida, se le derrumban de la noche a la mañana. Y hay algunos que tienen la serenidad y la fortaleza para hacer frente a eso.

P.: En eso, Blanca Perea es mujer de suerte.

M.D.: De mucha suerte. Se consigue dos tipos estupendos. Bueno, es una novela. En las presentaciones, muchas señoras me preguntan ¿y yo qué hago para encontrarme uno así? Es la magia de la ficción lo que permite darle esas salidas tan airosas. Blanca quiere irse. Plantea una investigación académica lejos. Y le sale en California.

P.: Nada menos. Una investigación sobre hispanistas españoles que se exiliaron en Estados Unidos en la Guerra Civil, Américo Castro, Ramón J.Sender, Pedro Salinas, y un tal Andrés Fontana, que hasta tiene, como Blanca, su historia romántica.

M.D.: Sus pasiones ocultas. Si no fuera así, la novela acabaría a las veinticinco páginas. La suma de historias, la novela por capas genera un entramado de sentimientos, que se van cruzando de unos a otros. Me gusta eso de trenzar afectos. Encuentros y desencuentros.

P.: Hay un punto en común entre su primera novela, «El tiempo entre costuras» y «Misión olvido»; el punto de partida es una mujer que tiene un problema dramático con un hombre, y su reivindicación

M.D.: Creo que ésa es la única coincidencia. El desgarro sentimental las pone en movimiento a las dos. De no ser así hubieran seguido con su vida. Eso es bueno, por lo que las lleva a conseguir. Pero en «El tiempo entre costuras» la protagonista recibe una verdadera traición de un depredador, de un sinvergüenza. Lo de Blanca es distinto, una relación de pareja que los años llevan a la fractura. Es igual de trágico para la persona que lo sufre, pero es menos perverso, es algo más del orden de lo cotidiano.

P.: ¿Fue diferente el tiempo que dedicó a sus dos novelas?

M.D.: Fue más o menos el mismo. El período total entre documentación, redacción, corrección, fue algo menos de dos años. «Misión olvido» me obligó a ser más compleja por las transiciones entre las diversas épocas del relato. Cómo estructurarlas, cómo fundirlas. Y sobre todo, cómo hacerlas fluidas, para que el lector pase de una a otra casi sin darse cuenta. Mi interés era que no fueran unos escalones que descolocan sino una senda que hiciera avanzar al lector. Que no se diera cuenta cuándo estaba en otro mundo sin sentir el golpe del cambio. Fue todo un trabajo. Un trabajo técnico, pero que resulta clave para el resultado final.

P.: En «Misión olvido» cuenta de las Misiones Franciscanas a California a fines del siglo XVIII, una deuda que los estadounidenses tienen con los españoles. Y los españoles tienen la deuda de la protección que dieron en Estados Unidos a los exiliados españoles.

M.D.: Es un ida y vuelta de deudas saldadas. A eso agrego los intelectuales estadounidenses que llegaron a España en los años cincuenta. Como ese Carter que cautiva a Blanca. Vinieron a estudiar nuestra lengua, y dejaron un pedacito de su corazón.

P.: ¿Haber tenido éxito en Estados Unidos con «El tiempo entre costuras», con críticas elogiosas del «New York Times», y entrar en la lista de best sellers hizo que California fuera el escenario de su novela?

M.D.: «Misión olvido» estaba en el horno cuando eso ocurrió. He tenido siempre una gran conexión con Estados Unidos por mi profesión, por ser filóloga. He sido profesora invitada varias temporadas desde hace 25 años. Tengo allí muchos amigos y quería recuperar ese mundo, el hispanismo, los Departamentos de Español. Por tanto, no fue oportunismo. En Estados Unidos entran muy poco las traducciones de cualquier lengua, y ése es el caso de los latinos. Eso a pesar de que somos una minoría creciente. Mi editorial allí, Simon and Shuster, me publica a la vez en inglés y en español. Y la verdad es que me ha ido muy bien en las dos lenguas.

P.: Vender muchos ejemplares de «El tiempo entre costuras» es algo que le ha ocurrido en varios países.

M.D.: Esa novela está traducida a veintisiete lenguas. En España lleva vendidos un millón trescientos mil ejemplares. De afuera no tengo cómputo. En China se vendieron el primer mes cien mil. Y yo que pensaba qué le podía importar mi historia a un chino. Pues, les importa.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.D.: Nada, esta gira no me ha dado tiempo a sentarme. Estoy escribiendo mentalmente, pensando, elaborando. Ando con la primera capa de una historia. Pero nada sólido todavía.

Entrevista de Máximo Soto

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