4 de enero 2010 - 00:00

A pesar de los ‘‘cohetes’’, no hay mucho que festejar

A pesar de los ‘‘cohetes’’, no hay mucho que festejar
Podríamos arrancar el año presentando un listado de las proyecciones que, para los próximos meses, han realizado las principales casas de Bolsa. Pero esta vez preferimos echar un vistazo a lo que dicen las encuestas sobre el comportamiento de los norteamericanos. Al finalizar el primer año de su gestión Barack Obama queda como el presidente norteamericano menos popular desde que se llevan estas encuestas (2 puntos por encima de George W. Bush al terminar su mandato); la confianza en el poder legislativo es la más baja de la historia, las perspectivas económicas -si bien no tan malas como hace doce meses- siguen siendo mayoritariamente negativas y un 57% de los ciudadanos (prácticamente un récord) está convencido que el Estado está interviniendo de manera desmesurada en la economía y en sus vidas. Ergo, los grandes números pueden decirnos que la situación económica ha mejorado, pero los pequeños hablan que esto no ha llegado a la gente (en los próximos días tendremos un cúmulo de datos: PBI, índices ISM, producción industrial, etc., pero el más pesado es el de la desocupación que se difunde el viernes y se espera que crezca al 10,1% de la fuerza laboral). El año 2009 terminó con el dólar (a pesar de todo lo que hemos hablado sobre él) perdiendo un 4,1% ante las principales monedas (bajó el 2,9% ante el euro, pero avanzó el 2,43% frente al yen), los commodities trepando en promedio un 23,5% (el petróleo el 86,64% y el cobre un 139,68%, por lo que es claro que su incremento no fue reflejo de la caída del dólar), el oro avanzando el 26,22% y la tasa de 10 años trepando 1,6 punto al 3,837% (lo que sugiere cierto temor inflacionario), y para lo que más nos compete, el Dow avanzando 18,82%, el S&P 500 un 23,45% y el Russell 200 el 25,22% y el Nasdaq un más impresionante 43,89%. A pesar de ser la mayor suba accionaria desde 2003, por primera vez en la historia Wall Street cierra una década del lado perdedor, lo que como venimos advirtiendo obliga a repensar una gran parte de lo que se sabía de finanzas (mañana damos los números).

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