- ámbito
- Edición Impresa
A propósito de las finanzas provinciales, mayores recursos y también un mejor uso
Fernando Roberto Lenardón
No es mi intención emancipar desmesuradamente aquellos fantasmas benévolos, aunque muchas veces uno se ve tentado a recurrir a ellos para exorcizarnos de tanto egoísmo, envidia e indiferencia entre seres humanos que, en vez, deberíamos compartir no solamente el suelo patrio, el esfuerzo por el pan de cada día sino, sobre todo, las mismas aspi-raciones por un futuro mejor para nosotros pero mucho más para las generaciones herederas.
Quiero aprovechar una de sus narraciones que, por gráfica y simple, servirá para expresar rápidamente lo que quiero significar cuando digo que a las provincias no les será suficiente que se modifique la ley de coparticipación ni la cuantía en las transferencias del Impuesto a los débitos y créditos en las transacciones financieras.
Contaba mi padre que, en las calurosas noches de diciembre, una vez superada la etapa gastronómica y ya en pleno proceso de festejo, era costumbre que todos los vecinos de la cuadra salieran a sus veredas, se saludaran fervorosamente y compartieran luego, hasta donde les daba el cuerpo a cada uno, el alborozo del baile y las copas de la bebida casera.
El jarrón de clericó
Para esta última, mi abuelo aportaba un jarrón grande de vidrio, de cerca de diez litros, al que, para mantenerlo frío (lo más frío posible para aquellas épocas), se lo colocaba dentro de un fuentón lleno de agua.
Allí cada uno de los visitantes aportaba, según su posibilidad, su generosidad o, por el contrario, su tacañería (porque también había de esos): una fruta, un vaso de vino, una botella de sidra o lo que tuviera.
Y así se generaba aquella bebida espirituosa, mezcla de buenos deseos y agradables picardías, que servía para sosegar en lo posible, o para aumentar en ocasiones, la sed de quienes disfrutaban de la fiesta, bailando, saltando y riendo.
Para no extenderme en las banalidades, paso directamente a la noche en cuestión, en donde, a pesar de que los aportes eran muchos y variados, incluyendo alcoholes de buen grado, la mezcla siempre se sentía aguada, insulsa.
Pues bien, estuvieron toda la noche llenando y reponiendo el jarrón y toda la velada quejándose por la poca calidad del clericó... si hasta la fruta parecía desabrida.
En un momento de la noche a alguien se le ocurrió levantar el jarrón para darse cuenta de que, en alguna revuelta efectuada con el inmenso cucharón de pesado metal que se usaba para mezclar, se había roto la base.
De tal manera que, por más que se contribuyera con más y más bebida, fuera de la calidad que fuese, la mezcla se terminaba aguando, haciéndose desabrida y perdiendo el sabor.
La metáfora y las finanzas provinciales
El lector atento adivinará que la metáfora se está refiriendo a las finanzas provinciales y a la política de gastos públicos incrementales que se viene dando, es menester decirlo, no desde esta gestión sino prácticamente desde siempre.
Sí, en cambio, debemos destacar que, a pesar de que ya en el inicio de los presentes mandatos era evidente que el equilibrio presupuestario iba a ser muy frágil, de cualquier manera muy pocas provincias tomaron los recaudos para reducir el impacto de las erogaciones y, tal vez influenciados por la política nacional, siguieron pretendiendo que el Estado fuera el motor que dinamizara el consumo y mantuviera caliente la economía.
Y esta gráfica se trae a colación aquí y ahora porque las autoridades de las jurisdicciones locales, advertidas de la apremiante situación presente, que se agravará en el cortísimo plazo (con visos de prolongada continuidad) han salido, por fin, a poner en el tapete el tema de la coparticipación.
Como preludio de esta discusión, que no será nada sencilla, se ha instalado en el Parlamento nacional la cuestión de la transferencia íntegra del denominado comúnmente impuesto al cheque.
Más allá de la contraofensiva del Gobierno nacional, que amenaza con derogar el tributo (cosa que todos los actores económicos aplauden por los importantes efectos distorsivos en la gestión pero también por el incremento de costos que provoca) cuando cuatro meses antes impulsó fuertemente su prórroga insistiendo en lo imprescindible de contar con estos recursos; este artículo desea recalcar otra cuestión.
Está bien que los funcionarios provinciales reclamen mayores recursos, porque así está previsto no solamente en la Ley sino, sobre todo, en la Constitución Nacional. No solamente es correcto sino también saludable que se instale la discusión de la Coparticipación Nacional, de la que los argentinos esperamos que se transforme en una genuina herramienta de desarrollo integral e integrado, con espíritu realmente federal, como no lo ha sido hasta ahora.
En cuanto al impuesto generado en las transacciones financieras, independientemente de la detracción de fondos que le generará a la Administración federal el hecho de coparticipar a las provincias la totalidad de la recaudación en vez del 30% actual, desde luego que corresponde legalmente que la transferencia se haga por la totalidad del impuesto ya que, como producto de la actividad de cada una de las jurisdicciones, la recaudación debe volver a ellas.
Conclusión
Para tener una mínima dimensión de lo que significa para las arcas provinciales, pensemos que la diferencia entre las remesas actuales y las que llegarían de aprobarse las reformas, le son suficientes a más de una para cubrir la nómina de empleados públicos.
Pero aunque se logre lo perseguido eso sólo no será suficiente. Si no reparamos el jarrón, los recursos se seguirán filtrando por la base, provocando que nunca alcancen para prestar los servicios que la ciudadanía mínimamente necesita.
Y ese enorme agujero que se forma en las finanzas locales está dado por la incremental magnitud de los gastos públicos. Gigantesca dimensión provocada por las erogaciones que atienden los servicios públicos, pero también por los sobreprecios relacionados casi inevitablemente con ellas. Tamaño costo provocado por la sobredimensionada planta de personal, que no solamente es improductiva en muchos casos sino que también afecta la labor de aquellos que sí quieren cumplir con su deber. Ciclópea estructura que sirve para que algunos funcionarios sean cada vez más ricos mientras la gente, a la que teóricamente representan, sea cada vez más pobre.
Hay excepciones, es cierto, pero nadie puede negar que la pérdida por el fondo del jarrón existe y es importantísima.
En definitiva, si queremos solucionar el problema de las finanzas públicas es menester no repetir la gráfica de los monos, que cierran todos sus sentidos para ignorar la existencia de un mal que amenaza ya con transformarse en pandemia y en cercenar todas las posibilidades de una sana gestión; absorbiendo todos los recursos, sea cual fuere su cuantía. Porque el problema de la corrupción provoca que, a pesar de todo lo que se gasta, las provincias sigan sin tener educación, salud y seguridad.


Dejá tu comentario