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Una curiosidad, con buena conclusión detrás, la marca más baja del Merval -clásico- en todo el mes, resultó la de su primera rueda, con 1.134 puntos. Y la de cota más elevada se formalizó en el último día de actuación: con 1.275 unidades. Ergo, un dibujo muy cercano a lo ideal y donde el proceso mensual fue de un nítido andar: «de menor a mayor». Transitando por las semanas siempre con la testa alta y salvo algunas dudas intermedias, en especial la tercera etapa casi neutra, armando una torrecita de gran sabor dulce para las carteras. De tal modo coronó nuestro indicador más popular una utilidad de abril que superó el 13%. Cierto que esto no resultó una marcha en soledad, sino inscripta en lo que resultó un buen período bursátil en muchas partes. Desde el Dow Jones, subiendo un 7,3%, y hasta llegar a nuestro vecino Bovespa que alcanzó una suculenta trepada del 16% en el mes.
Podía haber alcanzando a los brasileños el recinto porteño, impedido de ello por esa muy distorsiva dependencia de lo que haga Tenaris, reina absoluta entre las líderes, con su 45% de ponderación. En la fecha de remate se opuso al resto, cayendo el 1%, y así el listado Merval apenas anotó un 0,36% de suba. Pero, con el otro índice, el «M.AR», dando visión más realista del día: con ganancia del 2,7%. Sin que Tenaris le votara en contra, casi seguro el rendimiento llegaba a más.
Tramo excepcional resultó la «segunda semana», donde en cinco ruedas se pudo sumar más del 8% de ganancia.
El volumen resultó lo único objetable, anclado en su mediocridad habitual en el año y con sólo $ 36 millones de efectivo girado por rueda, promedio. Es el eslabón débil de la cadena -y vaya eslabón-, que hace temer si se produce una corriente de ventas, para «descremar» beneficios. Los precios están sin protección. Y la Bolsa, una flor (en medio del chiquero porcino).
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