24 de diciembre 2013 - 00:00

Absolvieron a los acusados de dar y recibir coimas en el Senado

Fernando de la Rúa  ayer al ingresar a Tribunales, junto a  sus abogados Valeria Corbacho y Jorge Kirzsembaun. Leyeron la sentencia en el caso en que se lo juzgó junto a exfuncionarios  en la que  fueron todos absueltos.
Fernando de la Rúa ayer al ingresar a Tribunales, junto a sus abogados Valeria Corbacho y Jorge Kirzsembaun. Leyeron la sentencia en el caso en que se lo juzgó junto a exfuncionarios en la que fueron todos absueltos.
El Tribunal Oral Federal Número 3 absolvió ayer a todos los acusados en el juicio de los presuntos sobornos en el Senado, entre los cuales se encontraba el expresidente Fernando de la Rúa. Los jueces Guillermo Gordo, Miguel Pons y Fernando Ramírez no creyeron la versión del arrepentido Mario Pontaquarto y la tildaron de "disparatada". El juicio duró un año y medio y se escucharon más de 300 testigos. Ninguno aportó sustento al relato del arrepentido, con lo cual el veredicto era esperable. Si bien los fundamentos del fallo se conocerán en marzo, los magistrados ayer adelantaron un documento explicativo en el cual fustigaron al juez Daniel Rafecas a cargo de la instrucción.

El caso ahora entra en un impase hasta la lectura de los fundamentos, aunque ya es casi una certeza que la fiscal Sabrina Namer recurrirá la sentencia ante la Cámara de Casación Penal Federal, última instancia antes de la Corte Suprema de Justicia, que ya ha fallado contra el arrepentido.

De la Rúa llegó a los tribunales en compañía de su esposa Inés Pertiné, uno de sus hijos, varios familiares y exfuncionarios como Nicolás Gallo y Héctor Lombardo. Puntual, como lo fue a lo largo de todo el juicio y en silencio, siempre con un pequeño cuaderno en la mano. El último en llegar fue Pontaquarto, quien se ubicó en un asiento al final de la sala de audiencias ubicada en uno de los subsuelos de los tribunales de Retiro. Vestía un saco de tonos claros y debió soportar las miradas de todos los familiares y amigos de De la Rúa que ya estaban en sus butacas para cuando él apareció.

Cuando los jueces ingresaron a la sala -al mismo tiempo que el secretario del tribunal solicitaba a los presentes ponerse de pie-, el silencio acalló todos los comentarios. Hombres inexpresivos (nunca sonrieron ni se exacerbaron a lo largo del debate), supieron conducir el proceso al viejo estilo: frontales, aferrados a los reglamentos, le hicieron pasar malos ratos a fiscales, querellantes y abogados, en muchas ocasiones marcándoles graves falencias profesionales.

La gestualidad de los acusados en el momento de la lectura del veredicto fue un elemento para entender cómo eligieron vivir el debate que ayer tuvo su capítulo final. Fernando de Santibañes con los ojos fijos en los jueces y el ceño fruncido, Ricardo Branda siempre sonriente y dicharachero y un De la Rúa en apariencia sereno, con los brazos cruzados y la mirada fija en su escritorio. Posición que no cambió cuando escuchó su absolución, la cual deparó una serie de aplausos tímidos entre el público.

El veredicto devino en gestos triunfalistas en casi todos los acusados. Tan fuertes fueron las emociones que el exsenador Augusto Alasino no pudo resistir la tentación de agredir físicamente a Pontaquarto y pegarle en el rostro con la mano abierta. Lograron separarlos antes de que el combate pasara a mayores mientras el arrepentido gritaba una serie de vulgaridades.

Las absoluciones dieron lugar a las consecuencias del proceso. Pons, juez a cargo de la lectura, dio a conocer una serie de medidas previsibles: un pedido de investigación a Aníbal Ibarra por presunto falso testimonio, el giro al Consejo de la Magistratura de las disposiciones de Rafecas en la instrucción y que el tribunal consideró irregulares, similar pedido con destino al Colegio Público de Abogados respecto de la actuación del defensor de Mario Pontaquarto Hugo Wortman Jofré.

Cuestiones que fueron ampliamente desarrolladas en el documento preliminar que escribieron los jueces antes de dar a conocer los fundamentos. "Pontaquarto se contradijo, desdijo y corrigió sistemáticamente, con el objetivo de adecuar su historia a los datos objetivos", escribieron antes de definir al relato del exfuncionario como una "disparatada versión".

Del mismo documento se desprende el valor que tuvieron los croquis sobre el despacho presidencial que el arrepentido decía conocer, tanto a favor de la defensa de De la Rúa como para hundir aún más a Pontaquarto. "Realizó un croquis del despacho presidencial y efectuó una descripción de su interior que no se compadece con aquella de la época en la que dijo haber estado", expresaron sobre el arrepentido en el momento de reforzar la tesis de que la reunión en Balcarce 50 donde se habría acordado el pago de sobornos nunca existió.

Los apuntes sobre Rafecas son álgidos, ya que era el juez a cargo de la instrucción. Lo acusaron de interrogar de manera intimidatoria, de perseguir a los testigos y de manipular evidencia. Materia que viajará sin escalas a la Magistratura.

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