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Absuelven a nazi que vivió en la Argentina
A Sandor Kepiro, de 97 años, se lo acusó de ser el responsable del asesinato de 1.200 civiles, entre judíos y serbios, en enero de 1942 en una redada en Novi Sad.
La Fiscalía había requerido una pena de prisión, en tanto la defensa alegó en favor de la anulación del proceso o por el sobreseimiento. «El veredicto es un insulto a la memoria de las 1.246 víctimas de la incursión en Novi Sad», declaró Efraim Zuroff, del centro Simon Wiesenthal, que ubicó a Kepiro en Budapest en 2006 y transmitió luego las informaciones a las autoridades húngaras.
Si bien el fiscal aún no comunicó oficialmente su decisión, Zuroff dijo «haber sido informado que habría una apelación de este veredicto». El portavoz del Tribunal serbio para los crímenes de guerra Bruno Vekaric también quiere un recurso ante la fiscalía de Budapest.
Este veredicto ilustra la dificultad histórica para juzgar, más de 65 años después de ocurridos los hechos, a hombres de muy avanzada edad, acusados de crímenes de guerra sobre los cuales la Justicia no dispone casi de testigos o de documentos fiables.
En mayo, un tribunal de Munich había condenado a un apátrida de origen ucraniano, John Demjanjuk, de 91 años, a cinco años de cárcel por su papel en el campo de exterminación nazi de Sobibor (Polonia), pero este último presentó apelación. Sandor Kepiro estaba acusado de complicidad de crímenes de guerra cometidos durante la redada efectuada entre el 21 y el 23 de enero de 1942 en Novi Sad, actualmente territorio serbio, pero que entonces había sido anexado por Hungría, aliada de la Alemania nazi.
Al menos 1.200 civiles, judíos y serbios fueron asesinados en esa ocasión. El acusado, que pertenecía a la Gendarmería húngara, respondía personalmente de la muerte de 36 personas a las que ordenó ejecutar, según la acusación. Kepiro siempre alegó ser inocente. El juez insistió en que el papel de los gendarmes en la matanza de Novi Sad era mínimo con respecto al del Ejército, haciendo valer que había sólo 180 gendarmes frente a 5.500 soldados.
Sandor Kepiro no ha cumplido nunca una pena: al término de la Segunda Guerra Mundial huyó a la Argentina donde vivió durante más de medio siglo antes de volver a su patria, en 1996.


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