31 de julio 2015 - 00:00

“Acá siempre vamos a buscar temas en autores foráneos”

De la Serna: “En la platea de la Sala Casacuberta es como estar en el Congreso, y Rosas interpela muy duramente a los diputados, al pueblo, a la posteridad”.
De la Serna: “En la platea de la Sala Casacuberta es como estar en el Congreso, y Rosas interpela muy duramente a los diputados, al pueblo, a la posteridad”.
Hoy a las 20 subirá a escena, en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, "El Farmer", pieza basada en la novela homónima de Andrés Rivera. En ella toma la palabra Juan Manuel de Rosas desde su amargo exilio en Inglaterra, convertido en un humilde granjero. Triste destino para quien fuera "el estanciero más poderoso de Buenos Aires y uno de los gobernadores con más consenso en toda la historia de la provincia", según el historiador Felipe Pigna.

Pompeyo Audivert
y Rodrigo de la Serna adaptaron y dirigieron esta obra en la que encarnan, respectivamente, a un Rosas visceral -también dado a planteos metafísicos- y su doble mítico, un Rosas para la posteridad cuya sombra sigue aún proyectándose sobre la sociedad argentina.

"El Farmer no es una novela histórica, es un texto de elevada poesía que también tiene algo de monólogo teatral. En su exilio de Southampton, Rosas ajusta cuentas con su pasado, en un rancho frío e infecto. Allí dialoga con sus fantasmas, sus recuerdos y sus enemigos", anticipa De la Serna en charla con este diario. El actor vuelve al teatro, luego de "Lluvia constante" y "Amadeus", para encarnar a una de las figuras más controvertidas de nuestra historia.

Periodista: ¿Quién le propuso adaptar "El Farmer"?

Rodrigo de la Serna:
El hijo de Rivera se lo propuso a Pompeyo después de haber visto su obra "Edipo Ezeiza" y él se puso a trabajar de inmediato en el texto. Poco después nos cruzamos a la salida de un restaurante y me contó que estaba tratando de adaptar "El Farmer". Yo justo acababa de leer la novela que me había regalado Joaquín Furriel cuando trabajamos juntos en "Lluvia constante". Con toda generosidad Pompeyo me invitó a coadaptar y codirigir la obra.

P.: ¿Por qué hay dos Rosas en escena?

R.D.:
Eso ya está postulado en el texto de Rivera, en el que Rosas dialoga consigo mismo. Se pregunta y se responde. De allí surgió la idea de presentar a Rosas como un organismo de dos cuerpos: uno biológico y otro onírico que es el Rosas que va a pasar a la historia. Pese a las barreras que le impusieron algunos historiadores, su voz sigue resonando en la vida política argentina y en los corazones de millones de argentinos.

P.: Pero Rosas termina repudiando a los porteños.

R.D.:
Es al rememorar la batalla de Caseros, de 1852, cuando Urquiza lo traiciona y se subleva haciendo alianza con el Imperio de Brasil en un gesto que "avergonzaría hasta al peor malnacido", le hace decir Rivera. Cuando Rosas vuelve a Buenos Aires, la ve vacía y con las puertas y ventanas cerradas. Es ahí cuando increpa a los porteños: "Ustedes que rezaron por la salud de Rosas durante 20 años, que gritaron ¡Viva Rosas! más alto que sus vecinos, hoy esperan que suene la cívica hora de gritar ¡Viva Urquiza!". Y luego dice: "Demoré una vida en reconocer la más pura y cívica de las verdades patriotas, quien gobierne podrá contar siempre con la cobardía incondicional de los porteños".

P.: Un comentario algo fuerte para un año electoral...

R.D.:
Es algo que vamos a usar mucho. Fíjese que la platea de la Sala Casacuberta tiene una distribución muy a la griega, es como estar en el Congreso, y Rosas interpela muy duramente a los diputados, al pueblo, a la posteridad...

P.: ¿Qué postura adopta Rivera frente a Rosas?

R.D.:
Lo fustiga bastante. Sin embargo, el discurso de Rosas está cargado de silencios, de cosas que no se dicen y su discurso alcanza otros niveles de trascendencia. Por ejemplo, cuando Rivera le hace decir a Rosas: "a veinte años del destierro, a veinte años de ese crimen, a veinte años de ese pecado de sangre que Dios no le perdonó al cojudo de Urquiza, ni a la traición de mis generales, un paisano clava su cuchillo en el mostrador de una pulpería y grita: ¡viva Rosas!". Y el gesto se repite con otros paisanos y en otras pulperías. Luego dice: "no hay paisano que en una tarde de silencios y de llanura no grite ¡viva Rosas! listo para morir o para cobrarse una deuda que nunca sabrá cuándo y quién la abrió y con algo en la sangre que es más hondo que el recuerdo".

P.: Esto quiere decir que pese a sus errores sigue siendo una figura admirada.

R.D.
: Es un Rosas que de alguna manera está escribiendo en los corazones de las personas. Rivera, a pesar de que lo critica duramente, también le da esa potestad, reconoce que en ese fenómeno hay algo espiritual que trasciende lo político y sigue repercutiendo en nuestra actualidad.

P.: La historia nacional es una cantera inagotable para el teatro argentino y sin embargo no se la aprovecha.

R.D.:
Es verdad, sólo vamos a buscar estos grandes temas en autores extranjeros: un Chejov, un Shakespeare... Usar una persona con tanto valor histórico para nosotros, como Rosas, y ahondar a través de ella en asuntos tan importantes, es algo que le hace muy bien a la literatura argentina y al teatro argentino.

Entrevista de Patricia Espinosa

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